Hubo un tiempo en que jugar un MMO significaba perderse. No en el sentido de no saber qué hacer, claro, sino en el de entrar a un mundo que parecía demasiado grande para nosotros. Había mapas que no conocíamos, sistemas que tardábamos en entender y lugares a los que llegábamos simplemente porque decidíamos caminar en una dirección determinada, al azar.
AION 2 me produjo una sensación bastante curiosa en ese aspecto, porque parece querer recuperar algo de esa experiencia, pero construido sobre las comodidades actuales de un género que hace tiempo aprendió a decirnos exactamente qué hacer y cómo hacerlo.La primera impresión, a grandes rasgos, es la de estar frente a un mundo enorme, colorido y deliberadamente espectacular. Hay algo casi exagerado en el diseño de personajes, en los escenarios y en esa estética de fantasía coreana que convierte cada rincón en una postal onírica (y muchas veces, psicodélica). Pero lo interesante no está solamente en lo que vemos, sino en cómo el juego intenta convencernos de que ese mundo merece ser explorado, en la urgencia de hacernos creer que valen la pena las horas que vayamos a invertir.
Ahí es donde AION 2 encuentra algunos de sus mejores momentos, especialmente cuando nos rebelamos frente al sistema, cuando dejamos de seguir la flecha que aparece en pantalla y empezamos a mirar qué hay alrededor.Porque sí, la flecha está ahí (un mal del que Wolverine también fue testigo y víctima al mismo tiempo). También está el camino automático, una interfaz que parece diseñada pensando tanto en una pantalla táctil como en un monitor y una cantidad de sistemas que, por momentos, hacen que el juego se sienta más cercano a un MMORPG mobile que a la idea clásica que tenemos de un MMO de PC. No es necesariamente un problema de accesibilidad, para ser sincero.
El problema reside en sentir que tanta comodidad empieza a quitarle fricción a la aventura. Y sin fricción, muchas veces, también desaparece el descubrimiento, el efecto sorpresa.El combate, curiosamente, es uno de los lugares donde la gente de NC (su desarrolladora) consigue recuperar esa profundidad que por momentos parece esconder dejándose llevar por los vicios de una modernidad que responde a tendencias y algoritmos. De entrada puede parecer otro sistema de habilidades, números y efectos y papelitos de colores que se disparan mientras esperamos el próximo cooldown.
Una interrupción eléctrica, la pérdida de conectividad y la inaccesibilidad de una sede pueden ocurrir al mismo tiempo durante un eventual fenómeno de El Niño. Ese escenario puede comprometer aplicaciones, bases de datos, ventas digitales y procesos operativos de las empresas, según advirtió Diego Ossa, CEO de SOLA (Sur de Latam) de Stefanini Group.Una caída tecnológica puede paralizar operaciones en varios sectoresLos efectos de una emergencia climática suelen asociarse con daños en carreteras, instalaciones, transporte y redes eléctricas. Para las compañías que dependen de sistemas digitales, las consecuencias también alcanzan a los servicios tecnológicos que sostienen su operación diaria.En banca, una caída de sistemas puede impedir el procesamiento de transacciones.
En retail, puede frenar ventas presenciales o por internet. En manufactura, una interrupción puede detener líneas de producción; y en logística, dificultar el despacho o el rastreo de mercancías.El impacto depende del proceso afectado y del tiempo que dure la interrupción. Por esa razón, Ossa señaló que las empresas deben definir cuánto tiempo pueden mantener detenida una operación crítica y qué efectos tendría una caída de cuatro, ocho o 24 horas.“Antes de preguntarnos cuánto cuesta implementar resiliencia, deberíamos preguntarnos cuánto tiempo puede permitirse el negocio estar detenido y qué impacto tendría esa interrupción”, sostuvo el ejecutivo.Los puntos únicos de falla elevan el riesgo ante una emergenciaEl principal riesgo aparece cuando una función crítica depende de un único elemento.
Summary from source