Alberto Beingolea Delgado salió de Palacio de Gobierno rodeado de periodistas y con poco tiempo para detenerse. Este 28 de julio acaba de jurar como ministro de Cultura del primer gabinete del gobierno de Keiko Fujimori. Pese a la premura —tenía pendiente el Consejo de Ministros y el desfile—, el nuevo titular de la cartera se tomó unos minutos para fijar su postura frente a las cámaras: tolerancia cero a la corrupción, unidad nacional como eje y trabajo inmediato sobre los problemas del sector, sobre todo una atención urgente a Cusco y Machu Picchu“Lo otro, y tiene que ver con una indicación que se dijo desde el comienzo y que en cultura yo quiero implementar, es corrupción cero desde el primer día.
Desde el primer día no se va a tolerar ningún tipo de estos actos", declaró en declaraciones. Beingolea llegó al cargo con una trayectoria que combina más de tres décadas en el periodismo deportivo, una etapa como congresista de la república entre 2011 y 2016, y una carrera académica en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Su nombramiento en la cartera de Cultura representa su retorno a la función pública después de años alejado de la política activa.Sus primeras palabras: ética, unidad y alarma por Cusco y Machu PicchuAl ser abordado por los medios a la salida de Palacio, Beingolea trazó tres líneas de acción para su gestión.
La primera, la ética institucional: el ministro fue enfático en que no tolerará desatenciones a la ciudadanía ni falta de profesionalismo al interior de su sector. “Entramos todos con buena voluntad de tratar de construir”, complementó.La segunda línea fue la unidad nacional. Beingolea citó al pensador peruano Víctor Andrés Belaunde y su obra ‘Peruanidad’ como referente conceptual para su gestión.
“Desde el Ministerio de Cultura, mi primer encargo es tratar de buscar aquellas grandes líneas que nos definen a todos como peruanos. Yo no quiero seguir entendiendo que aquí están los de acá y los de allá y las etnias distintas. Entiendo que el Perú es pluricultural, pero tenemos que encontrar esas grandes líneas que nos hace que todos seamos hermanos y que todos somos parte de una sólida y maravillosa nación", afirmó.La tercera fue una alerta concreta sobre el patrimonio.
“Me preocupa Cusco, me preocupa Machu Picchu y son algunas cosas que quiero ver de inmediato”, señaló Beingolea, al referirse al estado de la gestión del patri… El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha presentado este martes en el Consejo de Ministros la nueva Estrategia de Cultura y Desarrollo Sostenible de la Cooperación Española, un documento que promueve la cultura como un pilar fundamental para la construcción de sociedades "justas" y "sostenibles".Según ha informado Exteriores en un comunicado, el ministro ha configurado una hoja de ruta para "orientar la acción de la Cooperación Española hacia la consecución de sociedades más justas, inclusivas, democráticas y sostenibles". Para ello, abordará la cultura como pilar fundamental.LA CULTURA, "MOTOR DE COHESIÓN SOCIAL"De este modo, el documento, que define a la cooperación como "una herramienta para crear puentes" y "reducir desigualdades", concibe la cultura como "un derecho humano, un espacio de participación y diálogo, un motor de cohesión social y una herramienta para la construcción de paz".Con esta visión, plantea como objetivo general promover el pleno ejercicio de los derechos culturales, impulsando "las expresiones culturales en toda su diversidad".Para lograrlo, la Estrategia se articula en diez líneas estratégicas.
Las cuatro primeras se centran en garantizar los derechos culturales de todas las personas, "promoviendo la participación en la vida cultural, la diversidad y la lucha contra las desigualdades, así como la incorporación del enfoque feminista, y buscando fortalecer la democracia, la construcción de paz y la cohesión social".Las líneas estratégicas 5 y 6 se enfocan en la contribución de la cultura al desarrollo económico y social en los países socios de la Cooperación Española. Por su parte, las líneas 7, 8 y 9 abordan "desafíos globales clave", como la protección del patrimonio cultural o el papel de la cultura frente a los retos ambientales y climáticos.
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