“Yo comencé vendiendo revistas y llegué a tener una librería grandísima”: la historia de Alberto Pichardo, el librero famoso de El CondeEl fundador de la antigua Librería Pichardo, en la calle El Conde, convirtió su pasión por la lectura en un negocio que marcó a generaciones de estudiantes y lectores. A sus 82 años, recuerda los inicios de su trayectoria, los vínculos que construyó a través de los libros y su deseo de volver a trabajar entre ellos. Para encontrar un libro difícil de conseguir en Santo Domingo, durante años bastaba con preguntar por Alberto Pichardo.
En su librería, ubicada en la calle El Conde esquina José Reyes, en la Ciudad Colonial, se reunían estudiantes, profesionales, comerciantes y lectores que llegaban desde distintas provincias en busca de obras usadas, revistas y colecciones que no encontraban en otros establecimientos.A sus 82 años, Pichardo recuerda con satisfacción aquella época en la que los libros ocuparon cada rincón de su negocio y se convirtieron en el centro de una vida dedicada al trabajo. Su historia comenzó mucho antes de que la Librería Pichardo adquiriera reconocimiento: empezó en las calles, cuando era apenas un niño que buscaba la manera de ganarse la vida.“Yo siempre he trabajado, desde los siete años. Comencé vendiendo dulces en la calle, con una caja que llevaba atrás, sujeta con una correa.
A mí me gusta trabajar”, cuenta al repasar los primeros pasos de una trayectoria que lo llevaría a convertirse en uno de los libreros más conocidos de la Ciudad Colonial.La relación de Pichardo con la lectura tiene un vínculo especial con su fe. Cristiano adventista, identifica la Biblia como su libro preferido y recuerda que su acercamiento a las publicaciones impresas fue una combinación de oportunidades y decisiones que terminaron definiendo su vida.Su entrada al negocio ocurrió cuando un hombre que tenía una imprenta frente a una iglesia le propuso vender libros a consignación. Entre los primeros títulos que recibió había obras de Gabriel García Márquez.
Después comenzó a comprar libros usados, revistas y colecciones antiguas, hasta ampliar progresivamente su inventario.“Yo comencé a comprar libros usados, revistas y de todo un poco. No rechazaba nada, porque siempre había alguien que podía estar buscando algo de lo que yo tenía”, explica.https://resources.diariolibre.com/images/2026/10/14/13102026-entrevista-a-alberto-…
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