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A dedicated self-taught man, a controversial exile, a precocious president, and a teacher forever: the lives of Domingo Sarmiento

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 45m ago

El trabajo empieza antes que suene el timbre de las 7.30 y termina mucho después de que la última aula quede vacía. Sigue a la noche, en su casa, cuando encara obligaciones que exceden la carga horaria que figura en su recibo de sueldo, pero que son imprescindibles para la tarea: correcciones, planificación, búsqueda de materiales y trámites administrativos. “Hay un trabajo invisible que hacemos en la casa todos los días, a altas horas de la noche o en la madrugada”, cuenta María Laura Riveros, profesora en tres escuelas secundarias de Mendoza.Ese trabajo que desborda el aula es uno de los hilos que unen los testimonios de cinco educadores reconocidos este año en la iniciativa Docentes que inspiran, impulsada por Fundación Varkey y otras organizaciones.

Enseñan en contextos muy distintos; algunos acumulan más de tres décadas frente a estudiantes, otros recién están empezando su recorrido profesional. Todos celebran este viernes 11 de septiembre el Día del Maestro, una fecha en la que se mezclan el orgullo y la convicción con el cansancio y el desgaste que implica la tarea.Sus respuestas dibujan una profesión compleja. “Hoy uno de los principales desafíos es acompañar la diversidad de realidades, necesidades y formas de aprender de nuestros estudiantes, sosteniendo al mismo tiempo el entusiasmo y la motivación”, afirma Sandra Pagliaricci, profesora de Matemática de la Escuela Técnica Roberto Rocca, de Campana.En los testimonios aparecen el bajo salario y las horas de trabajo invisible, pero también las pantallas y la inteligencia artificial, la relación con las familias, la diversidad en las aulas, los problemas sociales que llegan a la escuela y desenfocan la enseñanza, y una autoridad que debe reconstruirse todos los días –a contracorriente, muchas veces, de las políticas que deberían respaldarla–.Es un diagnóstico que encuentra varios puntos de contacto con el documento Diálogos por la docencia, elaborado por CIPPEC a partir de 14 encuentros realizados entre marzo y julio con cerca de 50 docentes, investigadores, especialistas y exfuncionarios.

El informe reconoce que enseñar se volvió cada vez más desafiante y señala, entre otros factores, condiciones laborales insuficientes, poco tiempo para trabajar con colegas y un reconocimiento social debilitado. Una tarea que no termina en el aulaLa sobrecarga laboral es uno de los factores más mencionados por los … A sus 77 años, a Domingo Faustino Sarmiento le costaba respirar, sufría de problemas cardíacos y además, antes de llegar a los 40, ya se le había manifestado una pérdida de audición que se transformaría en una profunda sordera.

Muy a regañadientes, había aceptado dejar el cigarro.El anciano ex presidente, ex gobernador, ex diplomático, ex legislador pero maestro para toda la vida, vivía en Asunción del Paraguay en una casa pegada al Hotel Cancha Sociedad, propiedad de Silvio Andreuzzi Passudetti, un médico oculista italiano. Aconsejado por los médicos para que pasase una temporada en un lugar más cálido, primero había elegido las termas de Rosario de la Frontera, en Salta, donde estuvo en plan de descanso en junio de 1886. Luego se decidió por la capital paraguaya.En mayo de 1887 partió en el flamante vapor a ruedas San Martín y se sorprendió cuando vio, ese 25 de julio, que en el puerto lo esperaban cerca de tres mil personas.

Todo el país sabía de su llegada, si le había escrito al presidente paraguayo, el general Patricio Escobar, sobre su voluntad de pasar un tiempo allí “por un problema de salud que no se sabe si es en los bronquios o en los pulmones, para morir da lo mismo”. Escobar, quien era presidente desde 1886, era un joven alférez cuando combatió en la batalla de Curupaytí, en la Guerra de la Triple Alianza, en la que había muerto Dominguito, su entrañable hijo, cuya tumba en la Recoleta acostumbraba visitar en absoluta soledad.El autor de Recuerdos de provincia se alojó en el Hotel Hispano Americano y hasta su regreso a Buenos Aires, en octubre de ese mismo año, recorrió el Paraguay. Lo acompañaba su hija Ana Faustina quien, fruto de un amor juvenil en su primer exilio en Chile, por años le reprochó haberla mantenido oculta.Fiel a su carácter, hizo amigos y aconsejó a las autoridades en cuestiones educativas.

Aún cuando tenía pensado descansar, ese sanjuanino inteligente, incansable, peleador y egocéntrico, no perdía el tiempo. Como había hecho durante toda su vida.Había nacido el 15 de febrero de 1811 en El Carrascal, un barrio humilde de la ciudad de San Juan. Se lo bautizó Faustino Valentín Quiroga Sarmiento pero, al parecer por la devoción de su madre por Santo Domingo, se lo empezó a llamar por ese nombre, olvidándose del de Valentín.

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