"Una cuchilla de afeitar automática, un teléfono móvil y hasta una olla arrocera"; Eduardo León presume de todos los aparatos eléctricos que los vecinos han llevado a cargar a su ‘solinera’, una estación para alimentar la batería de vehículos eléctricos que también ofrece un servicio comunitario.“Estoy resolviendo una necesidad”, cuenta a EFE León, abogado de 45 años, que invirtió sus ahorros, junto a su esposa Jenifer Arias, en esta iniciativa del sector privado, con el objetivo de dar una salida energética en Playa Mégano, a 30 kilómetros del centro de La Habana: “La playa antes estaba muerta”, asegura.En este espacio, arrendado a un terreno de propiedad del Estado, 20 vehículos están enchufados a la corriente al mediodía de un día de verano, donde recuperan la batería después de viajar hasta la costa. RELACIONADAS América Latina Cubanos duermen en azoteas y espacios públicos ante el calor y los apagones La autonomía de la ‘solinera’ y su independencia del sistema energético reside en 24 paneles solares, tres baterías y sus inversores. Con esta capacidad, León puede llegar a cargar un total de 60 vehículos al día: autos pequeños, motocicletas y triciclos.Dos semanas después de haberla inaugurado, León asegura que el “negocio va muy bien” y ya tiene planes de abrir otra en un municipio cercano a La Habana, y hasta de instalar un aerogenerador.La expectativa de estas instalaciones eleva el listón: de hecho, la apertura contó con la presencia de autoridades gubernamentales y hasta apareció en la prensa y televisión estatal.Por los medios de comunicación fue como se enteró José Enrique García de la existencia de las ‘solineras’.
Aparca en la estación su moto, con su mujer de copiloto, cargando una neverita y hasta una sombrilla. Es la primera vez, pero no será la última.“Yo vivo bastante lejos y las motos normalmente no llegan hasta aquí, porque no tienen carga para volver. Entonces, mientras uno carga, tiene la facilidad de disfrutar de la playa y puede regresar sin preocupación”, explica.Los triciclos, los protagonistas de las calles cubanasMuchos de los vehículos que ruedan por las calles cubanas no superan los 80 kilómetros de autonomía y los apagones en La Habana han estado durando más de 20 horas en las últimas semanas.Una situación crítica para la generación de energía, agravada desde enero, tras el bloqueo petrolero decretado por Estados Unidos contra…
Detrás de un baño portátil instalado en una actividad multitudinaria, en obras de construcción, en pozos sépticos o cualquier espacio donde no existe una conexión directa al sistema de alcantarillado, existe un proceso sanitario complejo que comienza con la recolección de los residuos y termina con su tratamiento y disposición final.El manejo de aguas residuales no se limita a los baños móviles. Una parte importante de las edificaciones, incluyendo torres y viviendas, utiliza sistemas sépticos que requieren limpieza periódica para evitar obstrucciones, desbordamientos y otros problemas sanitarios que afecten la salud.La ausencia de un sistema de drenaje sanitario en algunas zonas y la obsolescencia de los pocos existentes son parte de un problema que devela falta de planificación y de una política pública que evite el crecimiento del problema.Sin embargo, ese proceso que debería concluir con el tratamiento adecuado de los residuos sanitarios parece romperse en las vías internas del vertedero de Duquesa, donde diariamente camiones cisterna acuden a depositar excrementos humanos en una zanja ubicada en los laterales de las carreteras.Durante un recorrido realizado por Diario Libre, se pudo observar y documentar mediante imágenes de dron cómo camiones utilizados para transportar residuos sanitarios colocan sus mangueras directamente en una zanja y descargan allí la materia fecal, sin que se observe un sistema de tratamiento o infraestructura diseñada para recibir este tipo de desechos.Es una práctica vieja de la que las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente tienen conocimiento, pero no hacen algo que permita un mejor destino final.Los residuos son vertidos directamente sobre el terreno, donde permanecen expuestos y, con el paso del tiempo, se acumulan y se solidifican. Cuando llueve, parte de la materia puede ser arrastrada por las aguas superficiales hacia otras zonas del vertedero.Pero uno de los principales riesgos está debajo del terreno: los líquidos provenientes de estos residuos pueden infiltrarse en el suelo y alcanzar el subsuelo, con el potencial de afectar la calidad de las aguas subterráneas si no existen barreras, sistemas de impermeabilización y controles ambientales adecuados.La situación plantea interrogantes sobre quién autoriza estos vertidos, bajo qué protocolos se realizan y qué institución supervisa el manejo de los residuos sanitar…
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