El Municipio de San Isidro presentó una denuncia penal contra la empresa de seguridad privada del barrio cerrado Ovejitas I y solicitó ante la Provincia de Buenos Aires su sanción e inhabilitación, luego del robo con privación de la libertad que sufrió Tomás Makintach, hermano de la ex jueza Julieta Makintach, durante la madrugada del domingo.La presentación apunta a la actuación del personal del complejo situado en Guido al 2500, en Beccar. Según informó el municipio, los guardias impidieron primero que agentes policiales ingresaran a inspeccionar el predio ante una alerta por personas que se movían sobre los techos y, más tarde, habilitaron la salida del vehículo en el que escaparon los asaltantes junto a la víctima.La secuencia comenzó cerca de las 2:30, cuando una vecina de la calle Ernesto de las Carreras al 2100 notificó que escuchaba ruidos sobre los techos. El móvil 442 de la Patrulla Municipal y efectivos del Comando de Patrullas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires montaron un cerrojo en la manzana y revisaron inmuebles cercanos.Durante el procedimiento, los agentes encontraron un bolso que contenía un crique.
La hipótesis era que quienes habían circulado por las viviendas podían haber ingresado al barrio privado lindero. Sin embargo, la empresa de seguridad privada no autorizó el acceso solicitado por los policías.Según supo Infobae, esa imposibilidad de continuar la búsqueda dentro del complejo quedó bajo análisis tras el asalto ocurrido poco después en una vivienda del mismo predio.El robo al hermano de MakintachA las 3:34, tres hombres ingresaron por la parte trasera de la casa de Makintach, ubicada en Guido 2555. Permanecieron allí entre 30 y 45 minutos.
La víctima no fue golpeada ni atada, según los datos aportados sobre el hecho.Los delincuentes se llevaron USD 1.000, realizaron una transferencia por $ 800.000 desde una cuenta de Mercado Pago y sustrajeron un celular Samsung S26 Plus, un reloj Garmin, una PlayStation 3 y las llaves de un Honda estacionado en la calle.Luego tomaron una Ford de la víctima y la obligaron a ir con ellos. El vehículo salió del barrio cerrado tras la apertura de la barrera por parte de la guardia privada. El recorrido continuó por Guido, Ernesto de las Carreras y Padre Acevedo.
En Murature, Makintach logró escapar y el auto fue abandonado; los autores huyeron a pie hacia el barrio San Cayetano.El municip… Una cárcel puede tener sus puertas cerradas y, sin embargo, seguir siendo un centro de operaciones del crimen. Cuando desde ella se ordenan extorsiones, se coordinan delitos o se amenaza a ciudadanos, el Estado ha conseguido encerrar a los responsables, pero no neutralizar su capacidad de hacer daño.
Esta contradicción revela una verdad que debemos asumir: la seguridad ciudadana también depende de lo que ocurre dentro de las cárceles.Por eso propongo una Política Nacional de Cero Ocio Penitenciario. Su objetivo es doble: impedir que los recintos sirvan para continuar delinquiendo y organizar el tiempo de privación de libertad para desarrollar capacidades que contribuyan a reducir la reincidencia. Una cárcel debe estar bajo el control del Estado durante las veinticuatro horas, y el tiempo de quienes cumplen condena debe tener una programación formativa, productiva y de convivencia, ajustada a la ley y a sus condiciones individuales.La experiencia de El Salvador bajo Nayib Bukele ha situado el control penitenciario en el centro del debate internacional: operaciones territoriales, detenciones masivas y un régimen carcelario estricto, en un contexto de reducción significativa de homicidios según cifras oficiales.
No sería riguroso atribuir esa reducción exclusivamente a las prisiones ni desconocer las denuncias documentadas de detenciones arbitrarias durante el régimen de excepción. La lección para la República Dominicana no es copiar un modelo, sino reconocer que ninguna política de seguridad está completa mientras las organizaciones criminales conserven capacidad de operar desde prisión.El control penitenciario protege el presente: impedir comunicaciones ilícitas, desarticular redes de extorsión y combatir la corrupción interna elimina mecanismos concretos mediante los cuales el crimen afecta a la población. Pero organizar lo que ocurre dentro de una cárcel puede proteger también el futuro.
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