Dese hace más de seis décadas y media, el gobierno estadunidense (sin importar la filiación partidista del presidente en turno) ha llevado a cabo una despiadada “política genocida” en contra de Cuba (como bien la califica el presidente isleño Miguel Díaz-Canel), cuya factura la pagan los habitantes de la nación caribeña, quienes a lo largo de ese periodo han visto mermado su bienestar por imposición de la Casa Blanca, por no plegarse a sus directrices imperiales. Con todo, no ha podido doblegar a esa nación soberana.
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