Las ciudades no se transforman solamente con grandes obras. A veces, el cambio comienza recuperando una acera, iluminando una calle, reconstruyendo un parque o devolviendo a una familia el derecho a sentarse tranquilamente frente al mar.Esa ha sido una de las características más visibles de la gestión de Carolina Mejía al frente de la Alcaldía del Distrito Nacional: recuperar espacios y devolverlos a sus verdaderos propietarios, los ciudadanos.Esto no significa que la capital haya resuelto sus numerosos problemas. Santo Domingo continúa padeciendo las consecuencias de décadas de crecimiento desordenado, tránsito caótico, ocupación de espacios públicos, deficiencias en el drenaje pluvial, acumulación ocasional de basura y una arborización todavía insuficiente.Pero una evaluación justa obliga a reconocer lo que se ha hecho bien.Uno de los puntos más destacados de la administración de Carolina Mejía ha sido la recuperación del Malecón, el espacio público más emblemático de la capital dominicana.Durante años permitimos que ese extraordinario balcón frente al Caribe se deteriorara.
El Malecón fue perdiendo áreas de recreación y atractivo para las familias hasta convertirse, en algunos tramos, más en una vía rápida frente al mar que en un lugar para disfrutarlo.Eso está cambiando.Las diferentes etapas de intervención han ampliado aceras, creado áreas de esparcimiento e incorporado iluminación, arborización, espacios infantiles, miradores y lugares para caminar y hacer ejercicio. A ello se suma el Malecón Deportivo, con instalaciones destinadas a jóvenes y familias.La transformación tiene un significado especial: Santo Domingo está recuperando su relación con el mar.Recuperar el Malecón significa convertir nuevamente ese litoral en un lugar de encuentro, recreación y convivencia.Pero la política de recuperación del espacio público no termina allí.La Alcaldía ha intervenido más de dos centenares de parques y plazas en diferentes sectores de la ciudad. Algunos son grandes y otros pequeños.
Y precisamente ahí radica parte del mérito: no todas las obras municipales tienen que ser monumentales para mejorar la vida de la gente.Un pequeño parque recuperado en un barrio puede significar mucho para una madre que lleva a jugar a sus hijos, para un envejeciente que sale a caminar por las tardes o para unos jóvenes que necesitan un espacio donde practicar deportes.Otro esfuer…
Summary from source