El comercio exterior dominicano enfrenta un arancel de un 12.5 % para ingresar algunos de sus bienes exportables a los Estados Unidos, pero esta barrera también representa una oportunidad para que el país busque nuevos mercados y la resiliencia de algunos de sus sectores.Así lo planteó Jorge Díaz, vicepresidente de la zona económica de DP World en la República Dominicana, quien aclaró que, aunque la medida del gobierno estadounidense hace que el país se clasifique con una tarifa por encima del 10 %, no implica que los exportadores nacionales están pasando un momento “particularmente complicado”. “Es un tema que no solo está impactando a República Dominicana, sino también a grandes países que son socios importantes de Estados Unidos. El Gobierno dominicano está buscando soluciones y hay un compromiso público-privado para encontrar esas soluciones, pero es un tema que está afectando a toda la región, muy pocos países están exentos de eso”, declaró.Díaz, quien calificó el 2026 como un año “muy disruptivo” para el comercio internacional, producto de los conflictos bélicos en diferentes partes del mundo, el tema arancelario y el fenómeno el Niño, sostuvo que hay nuevas oportunidades y mercados a los que “nos queremos acercar”.
“Creo que lo que pasa sencillamente se presenta para nosotros como disrupciones que nos presentan una oportunidad; el mercado y la demanda sigue estando y la gente quiere transportar, quiere hacer negocios”, planteó.El vicepresidente de la zona económica de DP World indicó que la actual situación, que visualiza como una oportunidad de reacomodo de mercados, fortalece la decisión de la compañía de invertir en ese proyecto.Zona económica Sobre la iniciativa, que desarrolla la empresa en terrenos aledaños al puerto de Caucedo, el ejecutivo destacó que en la actualidad cuentan con 200,000 metros cuadrados en operación –de los más de tres millones de metros cuadrados que se contemplan-, dedicados a la logística, empleando de forma directa a 250 personas. Sin embargo, Díaz adelantó que el proyecto iniciará su nueva fase de manufactura, la cual consideró fundamental “porque ahora vamos a crear un ecosistema mucho más robusto, donde se busca crear más de un empleo, que eso es muy importante para nosotros y para la comunidad”. Te puede interesar DP World anuncia inversión de US$100 millones en RD para expansión logística “Vamos a tener una zona fra…
El 54.9 % de los niños y niñas de entre 1 y 14 años en República Dominicana fue sometido a algún método de disciplina violenta, pese a que solo el 12.1 % de las madres y personas cuidadoras considera necesario el castigo físico, según datos de la Enogar-Mics 2025 divulgados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).La proporción aumenta al 61.4 % entre los niños de 3 y 4 años, una situación que evidencia la brecha entre las creencias de las personas adultas y sus prácticas de crianza.Para comprender las razones detrás de esta contradicción, Unicef realizó un estudio cualitativo sobre los determinantes asociados al castigo físico y la violencia psicológica contra niños, niñas y adolescentes en los hogares dominicanos, a partir de entrevistas a 431 personas y del análisis de 110 variables. RELACIONADAS Salud ¿Cree usted que hay que pegarle a un niño para que aprenda a respetar? La investigación identifica creencias sobre la obediencia, la autoridad adulta y las expectativas sociales como factores que contribuyen a normalizar estas prácticas, incluso cuando representan una vulneración de los derechos de la infancia.“Todavía existe una idea profundamente arraigada de que para que un niño o niña respete hay que hacerle sentir miedo.
El reto es demostrar, desde la familia, la escuela y la comunidad, que poner límites y ejercer autoridad no significa recurrir a la violencia”, afirmó Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana.Creencias que justifican el castigoEntre los principales hallazgos, el estudio señala que persiste la percepción de que la violencia es una forma válida de corregir o educar. Estas ideas se transmiten entre generaciones y pueden reforzarse por el temor de algunos padres y cuidadores a ser considerados permisivos o incapaces de imponer disciplina.La ausencia de lesiones visibles y la percepción de que el castigo fue proporcional a la conducta también pueden dificultar que estas prácticas sean reconocidas como formas de violencia.La investigación recoge el testimonio de un padre que relató cómo recurrió a un cable para castigar físicamente a una niña que se negó a realizar una tarea doméstica. El participante justificó su actuación en la necesidad de establecer respeto y obediencia, vinculando la autoridad paterna con la posibilidad de ejercer castigos físicos.Para Unicef, este tipo de testimonios evidenc…
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