Nueva York, 13 sep (EFE).- La lluvia intermitente y el cielo encapotado de Nueva York no lograron empañar este domingo el bullicio en las instalaciones del Abierto de Estados Unidos, donde Ben Shelton y Alexander Zverev lucharán por el trofeo.A pesar de las precipitaciones, las temperaturas agradables animaron a miles de aficionados a ver la final masculina armados con chubasqueros, ponchos impermeables y las tradicionales gorras con el logotipo oficial del Abierto de Estados Unidos.Por los paseos de Flushing Meadows, el desfile de paraguas se mezclaba con el producto estrella indiscutible del torneo: los vasos conmemorativos del cóctel 'Honey Deuce', la bebida veraniega de color rosa coronada por tres esferas de melón que simulan pelotas de tenis.También se dejan ver banderas de Estados Unidos ante la oportunidad histórica de que el trofeo se quede en casa. Shelton, de 23 años y octavo cabeza de serie, busca romper la sequía estadounidense de títulos de Grand Slam que perdura desde Andy Roddick en 2003.Además, si gana este domingo en la pista central, se convertiría en el primer tenista negro en alzar el trofeo desde Arthur Ashe en 1968.Para Zverev, que rompió su maleficio en Roland Garros, Nueva York representa la oportunidad de confirmar que su nombre merece estar entre los grandes de la historia, después de haber quedado atrapado entre dos generaciones, el 'Big Three' y la 'Sincaraz', en una especie de tierra de nadie.Muchos adquirieron sus localidades hace dos meses a precios desorbitados, pero, según el portal especializado SeatData, las entradas más asequibles pasaron de rondar los 600 dólares hace un mes a situarse hoy en 318.Para quienes no alcanzaron un asiento en el estadio Arthur Ashe, el parque ofreció alternativas, como ver la final en pantallas gigantes al aire libre. Su partido de cuartos contra (Carlos) Alcaraz fue fenomenal y jugó un tenis de altísima calidad; quería ver ese fuego con mis propios ojos", explicaba Ranveer Hatangdi, residente en la ciudad con una copa dorada de champán Moët en mano.Para Zverev, que rompió su maleficio en Roland Garros, Nueva York representa la oportunidad de confirmar que su nombre merece estar entre los grandes de la historia, después de haber quedado atrapado entre dos generaciones, el 'Big Three' y la 'Sincaraz', en una especie de tierra de nadie.Muchos adquirieron sus localidades hace dos meses a precios desorbitados, pero según el portal especializado SeatData, las entradas más asequibles pasaron de rondar los 600 dólares hace un mes a situarse hoy en 318 dólares."La verdad es que prefiero no mirar los precios actuales porque me pondría triste", bromeaba el suizo Pascal Küng, quien compró sus entradas con dos meses de antelación.Para quienes no alcanzaron un asiento en el estadio Arthur Ashe, el parque ofreció alternativas."Optamos por comprar un pase de recinto ('grounds pass') y ver la final en las pantallas gigantes al aire libre con nuestros vasos (de Honey Deuce) de recuerdo", señal…
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