Me ha pasado algo interesante: hace ya varias décadas, tuve ocasión de conocer cierto tipo de pino. Lo conocí en la tierra y luego pude verlo utilizado en la construcción de una vivienda. Ahora, con la administración necesaria, este sitio es alquilado en Airbnb.
Esto ocurrió en lo más profundo de la Sierra. Cuando estuve en esa cabaña comprendí la hermosura de una pared de madera de pino. Extraño sus vetas que uno puede calificar de lo más bello, aunque otras maderas también tengan su atractivo infinito.
Y hay muchas casas hechas de esta madera. He descubierto que el ciprés es la madera que se usa para el féretro de los Papas. Uno recuerda entonces la versión libresca: José María Gironella y su novela Los cipreses creen en Dios (1953), que forma parte de una trilogía sobre la Guerra Civil española.
Atraído por una trama complicada y completa, la leí con suma atención. Y es cierto que la madera de ciprés fue la usada en los féretros de los papas Benedicto XVI y Francisco. Entre otras obras de Gironella, están A la sombra de Chopin, (1990), El Mediterráneo es un hombre disfrazado de mar (1974) y Condenados a vivir que obtuvo el Premio Planeta en 1971.Mientras ocurría el sepelio del Papa Benedicto XVI hace ya varios años, el narrador de la transmisión televisiva decía que la madera utilizada en el féretro era madera de ciprés.
Uno, que ha conocido muchos muebles de madera, se preguntaba hasta qué punto aquella se parecía al pino más mondo y lirondo. Recuerdo que esta madera la encontramos en la profundidad del bosque y también en esta villa que se alquila ahora a extranjeros y locales. Si vamos a verlo desde el punto de vista comparativo, me parece que la madera de esa vivienda en lo íntimo de la Sierra se parece mucho a la de los féretros mencionados.
Debo decir en ese orden que las vetas se parecen pero las superficies no son iguales. La de los féretros parecen haber recibido una extraña suavidad.Empolvado por los años, el libro descansaba en un lugar estratégico. Reposaba en una especie de librero desordenado, donde podías encontrar un montón de vaqueradas del viejo oeste norteamericano: James Fenimore Cooper, El ultimo de los mohicanos (1826), Washington Irving, Western Journals (1832), y el célebre autor del género, Owen Wister con su novela El virginiano (1902).
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