El primer deber de un gobierno, tal y como han proclamado innumerables líderes a lo largo de las décadas, es proteger a su población. Estados Unidos fracasó manifiestamente en esa tarea el 11 de septiembre de 2001: la información de inteligencia existía pero, trágicamente, nadie logró descifrar las conexiones a tiempo. El 11-S —nombre con el que se conocieron los ataques contra Estados Unidos— y la posterior respuesta llegaron a definir toda una generación de política exterior, seguridad e inteligencia durante las dos primeras décadas de este siglo.
El 11 de septiembre de 2001, mientras los pilotos suicidas de al Qaeda estrellaban los aviones secuestrados contra el World Trade Center, yo estaba terminando una misión en nuestra delegación de Medio Oriente. Un taxista palestino me llevaba por las colinas pobladas de pinos al oeste de Jerusalén hacia el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, cuando, de repente, subió el volumen de la radio. “Ha ocurrido algo grave en Estados Unidos”, dijo.
No exageraba: 2.977 personas perdieron la vida aquel día. Los ataques no surgieron de la nada: la CIA llevaba años, desde antes de 2001, al tanto de la existencia de la red al Qaeda y de su líder saudita exiliado, Osama bin Laden, e incluso contaba con un grupo de trabajo para localizarlo y capturarlo. Nueve días después de los atentados del 11 de septiembre, el entonces presidente de Estados Unidos, George W.
Bush, declaró la “guerra contra el terrorismo”. Bush estaba en una escuela en Florida cuando ocurrieron los ataques. Bush se encontraba en una escuela de Florida cuando ocurrieron los ataques.
En los 25 años transcurridos desde entonces se han producido numerosos éxitos y fracasos en materia de inteligencia a ambos lados del Atlántico. Entre los éxitos figuran complots desmontados y sospechosos detenidos, juzgados, condenados y encarcelados. ¿Cómo han evolucionado la recopilación de información, la lucha antiterrorista y la planificación estratégica en los 25 años transcurridos desde el peor atentado terrorista de la historia de Estados Unidos?
Un fracaso colosal de inteligencia Nadie puede cuestionar que el 11 de septiembre fue un fracaso colosal de los servicios de inteligencia o, más concretamente, un “fallo de imaginación” por parte de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.
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