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“An irresistible torrent of words”: Hitler’s incendiary beer hall speech that launched his rise to power

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 50m ago

“En un torrente de palabras irresistible y de tensión creciente, durante treinta minutos descargó todas las pasiones, afectos que se habían acumulado en él desde los lejanos días del asilo para hombres, con todos aquellos sentimientos de odio almacenados en sus monólogos frustrados; como en una erupción volcánica, que tenía su base en la falta de contacto y de conversación de aquellos años anteriores, salían despedidas las frases, disparadas las locas imágenes y las acusaciones”, escribió Joachim Fest en Hitler. Se refería a un momento clave en la carrera política del hombre que llevaría al mundo al desastre de la Segunda Guerra Mundial: su primer discurso como orador del Partido Obrero Alemán (DAP) en el mitin de la noche del jueves 16 de octubre de 1919 en el salón de la cervecería Hofbräukeller de Múnich. Una fecha que marcó un antes y un después en la historia de Alemania, porque catapultó a Adolf Hitler hacia un lugar que hasta entonces no había imaginado.No fue una reunión numerosa, pero sí muy encendida.

Había solo 111 personas y estaban ahí para participar del acto de un todavía insignificante grupo de ultraderecha surgido a principios de ese mismo año pero que, sin embargo, amenazaba con convertirse en un dolor de cabeza para el orden público. Los presentes, casi todos hombres, esperaban escuchar las palabras de alguno de sus líderes fundadores: el cerrajero Anton Drexler, su colega de oficio y de ideología Michael Lotter y el periodista Karl Harrer. Los tres estaban en la cervecería, acompañados por el encargado de organización del partido, Rudolf Schüssler.

Casi todos se sorprendieron cuando, en lugar de alguno de ellos, tomó la palabra como segundo orador de la noche un sujeto de porte algo marcial que lucía un singular bigote recortado. Se llamaba Adolf Hitler y era un perfecto desconocido para la enorme mayoría del exiguo número de afiliados al partido.Hitler pronunció su discurso a instancias de Drexler, que lo había invitado a participar. Con tono enérgico y decidido, habló durante treinta minutos en los que se refirió a las virtudes del nacionalismo, a la traición que significaba la rendición alemana en la Gran Guerra que acababa de terminar, a la necesidad de destruir a los enemigos internos de Alemania, sobre todo a los judíos, y a la reconstrucción material, psicológica e ideológica de la nación para que lograra su destino…

El silencio puede expresar secretos, obediencia, censura, protesta o afecto; sus formas y sentidos cambian con cada época. En El dedo en los labios, Lola Pons convierte ese territorio esquivo en materia de una historia cultural de la lengua española. El ensayo, de 280 páginas, va de la Edad Media a las redes sociales y sostiene una pregunta que atraviesa toda la lectura: qué revela una sociedad cuando decide callar.La filóloga y catedrática de la Universidad de Sevilla presenta su primer ensayo narrativo y el más ambicioso de su trayectoria.

El libro no trata el silencio como una simple ausencia de palabras. Lo examina como una práctica vinculada con el poder, la oración, el amor, la escucha, la reserva y las formas de exclusión.Pons combina historia lingüística, episodios culturales y observación del presente. Ese cruce evita que el recorrido se reduzca a un catálogo de palabras antiguas: los cambios en el vocabulario permiten observar también los cambios en lo que se admite decir, en lo que se prohíbe y en aquello que permanece fuera de la conversación pública.El silencio salió de los claustros y entró en la vida cotidianaUno de los tramos más consistentes del volumen sigue la trayectoria de la palabra “silencio”.

Su origen religioso, ligado a monasterios y conventos, se desplaza en el siglo XVI hacia los usos cotidianos. Desde entonces, el término abandona el marco del voto y adquiere matices que acompañan la vida social.El libro muestra que esos matices nunca son inocentes. Lo que en un tiempo puede interpretarse como pudor, en otro puede nombrarse como censura.

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