La inteligencia artificial (IA) ya no es solo una discusión tecnológica. Se está convirtiendo aceleradamente en un desafío económico, social, institucional y democrático. La cuestión de fondo es profundamente humana: ¿cómo evitar que esta transformación amplíe la desigualdad, la exclusión y la fragilidad social?A escala global, el debate ya no gira en torno a si la IA transformará el mundo del trabajo, sino a la velocidad, profundidad y distribución de sus efectos.
El cambio comienza a manifestarse en servicios administrativos, call centers, soporte digital y otras tareas repetitivas. Probablemente modificará primero tareas y funciones antes que empleos completos, pero sus efectos sobre los ingresos, la calidad del empleo y la demanda de nuevas competencias podrían sentirse mucho antes de lo esperado.Para la República Dominicana, el desafío es particularmente relevante. La informalidad laboral promedió 54.1 % en 2025 y aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes de 15 a 24 años está fuera del estudio, el empleo y la formación.
Son vulnerabilidades críticas cuando el cambio tecnológico demandará mayores competencias, aprendizaje continuo y capacidad de adaptación.Algunos segmentos de las zonas francas y, particularmente, los servicios de BPO y call centers merecen especial atención. Las actividades intensivas en tareas rutinarias podrían transformarse más rápidamente con la automatización. Paralelamente, emerge una economía digital con rasgos tecnofeudalistas: concentración del poder tecnológico, dominio de grandes plataformas, control de datos y algoritmos y apropiación desigual de las ganancias de productividad.
El reto será avanzar hacia una competitividad sustentada en conocimiento, innovación y mayor valor agregado.Esta transformación ofrece una ventana estratégica para fortalecer el capital humano y modernizar las capacidades institucionales. Pero esa ventana no permanecerá abierta indefinidamente. El desafío no será solamente adoptar nuevas tecnologías, sino desarrollar a tiempo la capacidad para gobernar sus efectos.
La velocidad tecnológica podría superar la velocidad institucional.En este contexto, las políticas sociales no podrán limitarse a mecanismos compensatorios frente a la pobreza. Sin abandonar su función esencial de protección y garantía de derechos, deberán articularse con el desarrollo productivo, la empleabilidad, la formación, la innova…
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