Luis llegó prometiendo ruptura.El orden anterior estaba agotado. La confianza se deterioraba y una parte creciente de la sociedad sentía que las viejas estructuras ya no la representaban.Luis entendió el momento.Se presentó como algo distinto: moderno, reformador, abierto a nuevas voces y dispuesto a romper con las formas del pasado.Funcionó.Al principio casi siempre funciona.Para sostener aquella ruptura necesitaba aliados fuera de los círculos tradicionales del poder. Abrió espacios a sectores antes ignorados, reconoció nuevos interlocutores y entendió que una parte creciente de la conversación ocurría fuera de las instituciones.El error no fue abrir la puerta.Fue creer que decidiría cuándo cerrarla.Porque la legitimidad, una vez entregada, adquiere vida propia.Y apareció otro poder.Sin cargo.Sin investidura.Sin necesidad de antesalas ni títulos.Un poder alimentado por la calle, el descontento y la capacidad de convertir emociones dispersas en presión pública.Luis podía escucharlo.Incluso podía intentar utilizarlo.Ya no podía controlarlo.Entonces apareció otro viejo enemigo del poder: la indecisión disfrazada de prudencia.Reformas anunciadas y luego frenadas.
Un mensaje para quienes exigían cambios y otro para quienes temían perder privilegios.Luis intentaba conservar el viejo orden mientras administraba las fuerzas del nuevo.Terminó perdiendo autoridad frente a ambos.Porque administrar el poder no es ejercerlo.Y cuando un gobernante deja de marcar el ritmo de los acontecimientos, los acontecimientos comienzan a marcar el suyo.Para entonces, la multitud ya tenía voz propia.Ya no necesitaba a Luis.Corría 1789.Luis XVI había heredado una Francia fiscalmente quebrada y una monarquía necesitada de reformas. Turgot y Necker habían intentado cambios. La crisis terminó obligándolo a convocar los Estados Generales.Luis creyó que todavía podía conducir lo que acababa de poner en movimiento.No pudo.El Tercer Estado se proclamó Asamblea Nacional.
La calle adquirió un poder nuevo y aquella multitud urbana encontraría después su expresión más radical en los sans-culottes.Luis no creó aquellas fuerzas.Su error fue creer que podía legitimarlas, utilizarlas para vencer resistencias y después decidir hasta dónde llegarían.Descubrió demasiado tarde una vieja ley del poder:puedes abrirle la puerta a una multit… Me sorprendió que un vendedor de la calle me detuviera en el parqueo de un supermercado. El personaje llevaba en la mano una mazorca de cacao y me la ofrecía por una suma que he olvidado.
Tengo una historia verdaderamente interesante (o eso creo), con este fruto de los dioses que tiene en su poder la existencia de enormes predios agrícolas para su desarrollo: unas 172,000 hectáreas, según las cifras oficiales. Es necesario que indaguemos en la historia colonial para ver cómo se multiplica este cultivo. Con los datos históricos pertinentes, se intenta conocer cómo el cacao comienza a ser importante para la agricultura dominicana.
He visitado fincas donde se puede ver todo el proceso: desde la manera en que es sembrado hasta como es finalmente industrializado. Varios años atrás, un agricultor de renombre me acompañaba por los predios de San Francisco de Macorís, Salcedo, Moca y La Vega. Como en una aventura total, nos adentramos en las fincas de algunos productores de cacao.
En el interior del país hay una intensa dinámica agrícola que se puede apreciar en las cifras que se publican oficialmente. Mi amigo me explicaba cómo funciona todo el sembradío y yo, que soy un curioso en todas las materias del saber campesino y de la historia nuestra (el cacao es un producto y su proceso cae dentro de las P de la Mezcla de Mercadotecnia: Producto, Precio, Promoción, Plaza y Publicidad), me interesaba en los detalles. Notable entusiasta del campo dominicano, mi amigo era un conocido productor agrícola desde hace muchos años.
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