El 3 de agosto de 2026, George De Aza Amparo salió de su hogar sin imaginar que sería la última vez que su familia lo vería. Pasaron las horas, comenzaron a extrañarlo y la preocupación fue creciendo. George tenía 78 años y, según informó su familia, vivía con Alzheimer.
Su desaparición lo colocaba en una situación de especial vulnerabilidad y hacía que cada minuto fuera determinante.Este relato, reconstruido a partir del testimonio de la familia de George, no ha sido confirmado por las autoridades.La situación se agravó aún más cuando, según relató su familia, al intentar presentar la denuncia se le indicó que debía esperar 48 horas. Este relato resulta especialmente preocupante a la luz de la Ley 25-26, que establece que, tras el reporte y la valoración de la denuncia, el sistema de alertas debe activarse de manera conjunta e inmediata, sin que transcurran más de 24 horas desde el reporte.Cada 21 de septiembre, el Día Mundial del Alzheimer nos invita a fijar la mirada en el deterioro cognitivo, los cuidados y el impacto que esta enfermedad tiene sobre millones de personas y sus familias. Pero hay una realidad de la que todavía hablamos muy poco: el riesgo de que una persona con deterioro cognitivo salga de su casa y no recuerde cómo regresar.Una persona con Alzheimer puede desorientarse, no reconocer el lugar donde se encuentra, olvidar información básica o tener dificultades para explicar cómo regresar a casa.
En estos casos, el deterioro cognitivo asociado al Alzheimer puede incrementar el riesgo de extravío y dificultar que la persona pueda orientarse, pedir ayuda o regresar a casa.Así ocurrió con George. A pesar de que su familia logró establecer contacto con él, no pudo determinar dónde se encontraba. Poco después, su teléfono se apagó.
Siete días más tarde, el 10 de agosto, George fue hallado sin vida.Para su familia, fue una pesadilla que comenzó con una pregunta: ¿dónde está? Y, desde ese instante, cada minuto contó, pero en cuenta regresiva.En República Dominicana, esta realidad tiene rostro y nombre. Según registros de la Asociación Dominicana de Familiares de Desaparecidos (ASODOFADE) hay familias que continúan buscando a sus seres queridos, algunas desde hace años.
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