Sucio, ruidoso, poco puntual y a veces inundado, el metro de Nueva York suele acumular críticas. Pero sus asientos, carteles de estaciones y tarjetas magnéticas fuera de circulación atraen cada año a miles de compradores.Bajo un puente elevado del barrio de Coney Island, en el sur de Brooklyn, algunas personas hicieron fila durante varias horas para acceder a esta feria al aire libre que la MTA, la empresa pública encargada del transporte de Nueva York, organiza durante dos días de octubre.Cada visitante puede permanecer como máximo 45 minutos en el lugar, ni uno más, para permitir el ingreso de otras personas. Te puede interesar Fulton Street: la estación del metro de Nueva York que confunde hasta a los más expertos Nueva York probará un proyecto de energía térmica en dos estaciones del metro La reforma de Penn Station de Trump, cuestionada por la agencia de transportes local Nori Juba, de 61 años, encontró lo que buscaba: un gran cartel con el nombre de la estación Grand Central y los números de las líneas que utiliza a diario.El metro de Nueva York "es viejo, rechina y está desactualizado", reconoció."Pero creo que justamente eso lo hace interesante.
Este trozo de metal está sucio, huele a estación de metro, pero tiene algo que realmente encarna a Nueva York. Es único en el mundo", comentó.Los precios no son precisamente bajosUn cartel de buen tamaño cuesta 500 dólares y los más grandes pueden superar el millar. Los icónicos asientos naranjas de plástico, que todavía equipan los vagones más antiguos, cuestan alrededor de 900 dólares cada uno.Las celebridades también visitan el mercado.
Este año, el cineasta neoyorquino Spike Lee saludó a otros compradores y posó para fotografías.Y mostró con orgullo el cartel metálico que acababa de adquirir, con la inscripción "Penn Station", la parada de metro de Madison Square Garden, el recinto donde juega su equipo favorito de baloncesto, los Knicks."Ya no tomo el metro para ir a ver los grandes partidos", confesó a periodistas. Pero recordó que lo utilizó mucho durante su juventud a principios de los años 1970, entre Fort Greene, más al norte, y Coney Island, donde estaba su escuela secundaria. Y destacó que siempre pagó el pasaje."Nunca salté los torniquetes del metro.
¡Que conste en actas!", bromeó."Un pedacito de Nueva York" -La MTA siempre puso a la venta sus carteles, en un principio sobre todo a coleccionista…
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