La Cámara de los Comunes ha rechazado este viernes un proyecto de ley sobre muerte asistida para personas con enfermedades terminales, después de que una medida similar fuese aprobada el año pasado por los diputados británicos y fracasara tras no llegar a votarse en la Cámara de los Lores.El texto, rechazado con 286 votos en contra frente a 270 a favor, planteaba que una persona con una enfermedad terminal pueda poner fin a su vida bajo estrictos requisitos, incluyendo residir en Inglaterra o Gales desde al menos doce meses, realizar dos declaraciones firmadas con pleno uso de sus facultades mentales y demostrar ante dos médicos independientes que reúnen los requisitos necesarios para solicitarla con un intervalo de siete días entre cada evaluación.La medida, presentada por la diputada laborista Lauren Edwards, permite acceder a una sustancia letal a aquellas personas a las que les queden seis meses de vida, siempre bajo supervisión médica, si bien el paciente debe suministrársela por su cuenta, según ha recogido la cadena BBC.Este es el segundo intento de modificar la ley actual en Reino Unido, después de que el año pasado los diputados respaldaran un proyecto de ley idéntico, impulsado por Edwards, si bien se quedó estancado tras presentarse más de 1.200 enmiendas al texto y finalmente no pudo debatirse a tiempo en la Cámara de los Lores."Es un resultado enormemente decepcionante, no para mí, sino para las miles de personas con enfermedades terminales y sus seres queridos, a quienes se les dio esperanzas cuando la Cámara de los Comunes votó a favor de este proyecto de ley el año pasado", ha lamentado la diputada. Londres, 11 sep (EFE).- La Cámara de los Comunes rechazó este viernes en una reñida votación legalizar la 'muerte asistida' para los enfermos terminales de Inglaterra y Gales que tengan un pronóstico de menos de seis meses de vida, tras un acalorado debate de más de cuatro horas. Mientras que 270 diputados votaron a favor de la ley, en contra lo hicieron 286, y así tumbaron el texto.
El primer ministro Andy Burnham, católico, no quiso participar en la votación para evitar "influir indebidamente en el debate", y el Gobierno en conjunto se declaró "neutral", aun cuando fue un diputado laborista el que presentó la proposición de ley.La ley rechazada contenía varias salvaguardias, como que los solicitantes de una muerte asistida deberían tener la aprobación de dos médicos y de un panel de expertos. Pero para los opuestos a la ley, esas salvaguardas no eran suficientes para, por ejemplo, disuadir a aquellos que sencillamente eligen morir porque sienten que son 'una carga'.La oposición llegó de hecho desde las iglesias, tanto la católica como la anglicana, por razones morales, mientras que varios colegios médicos se posicionaron igualmente en contra por encontrar que la ley no protegía lo suficiente a los pacientes de enfermedades mentales. El Reino Unido se queda así a la cola de los países más desarrollados, que han implementado legislaciones parecidas, teniendo cifras de prevalencia muy distintas según los casos, según expone la BBC: mientras que España, Austria o Colombia tienen una tasa de una muerte asistida por cada 1.000 fallecimientos, en Canadá la proporción sube a uno por cada 200, y es ligeramente superior en Países Bajos.
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