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The invisible value of Dominican forests beyond the shadow

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 32m ago

Al ver un árbol es difícil que pensemos en lo que realmente es, y ese es el problema: lo vemos. Lo disfrutamos por su sombra o su fruta, pero no pensamos en lo que hace: sostener la tierra bajo nuestros pies, filtrar el agua que después bebemos, frenar la lluvia antes de que se convierta en avalancha. Un árbol es infraestructura invisible.

Y, como toda infraestructura invisible, solo la notamos cuando falla.La deforestación de nuestros bosques no se resuelve solo sembrando —que hace falta—, sino entendiendo para qué sirve un bosque.La deforestación dominicana comenzó casi al mismo tiempo que empezamos a existir como colonia. Los españoles no llegaron buscando árboles, sino oro, y cuando el oro escaseó se quedaron con la tierra. Ahí empezó todo: la exportación de maderas preciosas que se fueron en barcos hacia Europa durante trescientos años, mientras aquí quedaba el hueco.Lo que más inquieta es la lógica detrás de aquello.

La isla nunca fue vista como un lugar para habitar en equilibrio, sino como un recurso para extraer. Y esa lógica no terminó con la colonia.El período colonial fue un despojo lento; el siglo XX fue un incendio. La industria azucarera, primero, y después los aserraderos de los años cuarenta y cincuenta consumieron lo que quedaba de bosque virgen.

En apenas tres o cuatro décadas, bajo la dictadura de Trujillo, el país perdió la mayor parte de su cobertura forestal original.Y aquí es donde la historia se interpreta de otra forma. Porque no fue hasta 1966 cuando el Estado dominicano empezó a frenar en serio la destrucción. No nació de una conciencia colectiva ni de un clamor popular.

Nació, en buena parte, de una presión externa. Reaccionamos cuando alguien de afuera nos señala, no cuando lo sentimos como propio.Cuando se tala una loma, lo primero que se pierde no es el árbol: es el suelo que ese árbol sostenía. Sin raíces que la agarren, la tierra queda expuesta a la lluvia, y esta se lleva capas enteras de suelo fértil hacia los ríos.

Eso es erosión y, en las partes altas de nuestras cuencas —donde más se ha talado por madera, conucos o ganado—, ocurre todos los días.Ese suelo arrastrado termina en los ríos y, finalmente, en las presas. Ahí se llama sedimentación, y es uno de los problemas menos visibles pero más graves que enfrenta el país. Es un traslado silencioso: la montaña que perdimos allá arriba termina asfixiando el embalse que nec…

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Read the full story at the source Diario Libre (Santo Domingo, Dominican Republic) · DO
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