No vamos a hacer spoiler (destripar diríamos antes) del contenido de estas memorias. Ahí pueden leer retazos de la vida profesional y personal de Ruddy: la protesta de Peña Gómez (¡una carta de 13 folios!), la emboscada que le tendió Balaguer o las vicisitudes de un reportero de calle en un tiempo del periodismo que ya no es el de hoy. El próximo año cumplirá 60 años de profesión.
Experiencia más que sobrada para opinar sobre periodismo, periodistas y como titula sus memorias, sobre las relaciones de la prensa con el poder.—¿Qué es el periodismo? ¿Oficio, profesión?Es una forma de vida. Porque uno se acostumbra a eso, a poder relatar las cosas que uno vive en una forma entendible para la gente.
Ameno, pero objetivo, preciso, directo.Mi papá (le decían El Pollo) vivía en el periódico, era linotipista y a mí me gustó. El oficio es para ganar dinero, así que hay que ligar las tres cosas: vocación, oficio y profesión.—¿Objetivo o imparcial?Objetivo. La imparcialidad no existe, la independencia no existe.
Del amigo, de la familia, del vecino, de tu perro. Además de eso, la imparcialidad no existe porque tienes también sentimientos, uno es humano. Hay que ser objetivo, eso no se negocia.—Está cerca de los 60 años de ejercicio…Sí, en 1967 comencé en El Caribe.
Cuando salí de estudiar en la secundaria quería entrar a la universidad, pero no tenía los 18 años que se exigía y tuve que esperar. Cuchito Álvarez era amigo de mi casa y don Germán Ornes también. Ellos, junto a don Jaime Lockward fueron mis mentores, mis maestros, ¡entré por la puerta grande!
Por obligación tenía que salir bueno. Si no salía bueno con esa escuela… no iba a ser nada.—¿Qué es lo que más le ha gustado del periodismo?Poder decir las cosas. Poder tener la influencia de poder poner en contexto las realidades del país.
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