Hace más de cincuenta años empecé a experimentar con una idea que entonces parecía extravagante: construir edificios capaces de funcionar en armonía con la naturaleza, utilizando materiales descartados y aprovechando los recursos disponibles en el lugar. En aquella época casi nadie hablaba del cambio climático, de la escasez de agua o de la vulnerabilidad de las infraestructuras. Sin embargo, yo sentía que algo se acercaba.Siempre digo que, por entonces, veía unas nubes en el horizonte.
La única diferencia con aquel momento es que hoy esas nubes ya están sobre nosotros.Todo aquello que observaba hace cinco décadas terminó ocurriendo. El cambio climático dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana. La presión sobre los recursos naturales aumenta cada año.
Los sistemas que abastecen de energía, agua y saneamiento muestran fragilidades crecientes. Seguimos produciendo enormes cantidades de residuos y todavía tratamos de esconderlos en lugar de resolver el problema. Lo sorprendente es que el desafío nunca fue únicamente ambiental.
Durante décadas construimos edificios completamente dependientes de infraestructuras externas, como si esos sistemas fueran eternos. La buena noticia es que existen otras maneras de construir. Después de más de sesenta años de ensayo, error y aprendizaje, puedo decir que es posible diseñar edificios capaces de generar su propia energía, captar agua de lluvia, producir alimentos, tratar sus aguas residuales y reutilizar materiales que la sociedad considera basura.
Lo que hace décadas parecía una utopía, hoy funciona en miles de edificios alrededor del mundo. He tenido el privilegio de construir Earthships (construcciones bioclimáticas, autónomas y ecológicas diseñadas principalmente con materiales de desecho) en más de cuarenta países, atravesando culturas, economías y climas completamente diferentes. Y esa experiencia me enseñó algo mucho más importante que cualquier técnica de construcción.
Me enseñó que todos somos exactamente iguales. Con el tiempo terminé reduciendo a todos los seres humanos al mismo denominador común: somos, simplemente, sacos de agua. Puede sonar provocador, pero detrás de esa expresión hay una enorme verdad.
Summary from source