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Florida programa la ejecución de dos presos para el mismo día por primera vez desde 1964

Americas 2 sources 2 countries 🔦 Under-reported 15m ago

Olvidar un nombre y recordar una cara ocurre porque el cerebro procesa los rostros y las etiquetas lingüísticas en sistemas distintos, según explicó UNAM Global. La consecuencia práctica es clara: reconocer a una persona puede ser casi automático, mientras recuperar cómo se llama suele exigir más atención, repetición y memoria semántica.El reconocimiento facial sería más resistente al olvido porque el cerebro dedica más recursos neuronales a esa tarea que a otras formas de identificación. Esa diferencia aparece al final del proceso de memoria social: el rostro se conserva con mayor facilidad que el vínculo entre esa cara y su nombre.Los especialistas en neurociencia cognitiva citados explican que las caras se procesan sobre todo en regiones del lóbulo temporal del cerebro especializadas en reconocimiento visual, como el área fusiforme de las caras.

Los nombres, en cambio, se almacenan y recuperan mediante redes relacionadas con el lenguaje y la memoria semántica.El cerebro reconoce rostros de forma automáticaLas caras concentran mucha información al mismo tiempo: rasgos físicos, expresiones, emociones y señales sociales, según UNAM Global. Por eso el cerebro humano está afinado para distinguirlas desde etapas muy tempranas de la vida.El medio señaló que desde los primeros meses los bebés muestran preferencia por los rostros humanos. Con el tiempo, esa capacidad permite distinguir miles de caras, incluso cuando cambian la edad, la iluminación o la expresión.Esa rapidez tendría una base evolutiva.

Identificar si alguien formaba parte del grupo, representaba una amenaza o era una figura de confianza podía hacer diferencia en entornos antiguos, por lo que el sistema de reconocimiento facial se volvió altamente especializado.Los nombres dependen más del lenguaje y la atenciónPor su parte, los nombres no tienen representación visual ni sensorial directa, explicó UNAM Global. Son etiquetas arbitrarias aprendidas de manera cultural, sin una conexión visible con la apariencia de la persona.Eso hace que su almacenamiento dependa más de la repetición, la atención y la asociación con otros elementos del contexto. El nombre de una persona no ofrece pistas por sí mismo para facilitar el recuerdo, a diferencia del rostro.Cuando alguien conoce a una persona nueva, el cerebro intenta vincular su cara, su voz, su nombre, el lugar del encuentro y la emoción del momento.

El pequeño príncipe Alberto de York, que luego se convertiría en el rey Jorge VI del Reino Unido, fue obligado por sus institutrices a escribir con la mano derecha, aunque su tendencia natural era zurda ya que se consideraba que era “negativo”. Más allá de la famosa película “El discurso del rey” (2010) que pone el foco en este trauma de niño y la posterior tartamudez del rey; el dato de esta educación forzosa no es menor. Durante buena parte del siglo XX, miles de docentes en Europa, Estados Unidos y también en América Latina replicaron esa lógica de impedir que alguien desarrolle sus capacidades usando su mano izquierda bajo la idea de que era “un desorden a corregir”.El historiador Howard Kushner demostró que ese intento de “cura” tuvo un costo neurológico real ya que al alterar la organización cerebral natural de un niño se generaba, en muchos casos, alteraciones del habla que no existían antes de la intervención.

Un siglo después, el péndulo se movió hacia el extremo opuesto con la popularización de que el ser zurdo viene acompañado de un don especial para la creatividad, el arte o el pensamiento divergente. Pero la neurociencia lo plantea como un “mito”. Lo que sí cambia en el cerebro zurdoLa meta-investigación más exhaustiva realizada hasta la fecha y publicada en 2025 en Psychonomic Bulletin & Review por un equipo liderado por Daniel Casasanto de Cornell University, revisó casi un siglo de estudios y llegó a la conclusión de que no hay evidencia consistente de que los zurdos piensen de manera más creativa.

Incluso en pruebas estandarizadas de pensamiento divergente, como el Alternate Uses Test, los diestros puntuaron levemente mejor. Pero eso no significa que no existan diferencias reales de organización cerebral naturales entre quienes tienen un lado dominante. La diferencia más estudiada es la lateralización del lenguaje.

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