Con motivo de recibir el Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Abierta para Adultos (UAPA), monseñor Jesús Castro Marte, obispo de la diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, pronunció un discurso que invita a reflexionar sobre la relación entre educación, crecimiento económico y bienestar social. Sus planteamientos ofrecen una perspectiva que trasciende las críticas habituales a los resultados del sistema educativo dominicano y nos convoca a reconocer el valor del conocimiento acumulado por nuestra sociedad como fundamento de su desarrollo.Desde que se aprobó, en 2012, la asignación del 4 % del producto interno bruto (PIB) a la educación preuniversitaria, el debate nacional ha estado marcado por la preocupación ante los bajos resultados de los estudiantes dominicanos en las evaluaciones nacionales e internacionales. Para muchos, la inversión realizada no ha producido la mejoría esperada en los aprendizajes.
Se trata de una preocupación legítima, pero no debería impedirnos examinar otras dimensiones de la contribución educativa al desarrollo del país.En su discurso, monseñor Castro Marte plantea una idea fundamental: «La educación de muchas y variadas formas ha sido el gran impulso del desarrollo económico que hemos conocido hasta ahora». Con esta afirmación, invita a reconocer que el crecimiento dominicano no puede explicarse exclusivamente por la inversión de capital, las infraestructuras o la expansión de los servicios. Detrás de esas transformaciones también se encuentran las capacidades humanas desarrolladas durante décadas mediante la educación y la experiencia profesional.El país ha experimentado cambios significativos en su estructura productiva, sus instituciones y sus actividades económicas.
El tránsito hacia una economía más diversificada ha requerido profesionales, técnicos, docentes, administradores y trabajadores capaces de asumir nuevas responsabilidades, incorporar tecnologías y responder a las exigencias de mercados cada vez más complejos.Ese conjunto de conocimientos, habilidades y experiencias constituye el capital humano de la nación. Su acumulación permite que las empresas mejoren sus procesos, las instituciones públicas fortalezcan su gestión y los ciudadanos encuentren nuevas oportunidades laborales. Es un patrimonio colectivo que no siempre aparece reflejado en las estadísticas del gasto educativo, pero que resulta …
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