A las 6:00 de la mañana, el calor ya comienza a sentirse en las calles. En las paradas, niños con mochilas esperan la llegada de las guaguas del Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE). Algunos todavía tienen cara de sueño; otros juegan, conversan o corren de un lado a otro.Cuando la guagua llega, todo cambia de ritmo.
Los niños se acercan, suben y buscan un asiento. La auxiliar los recibe, les indica dónde colocarse y les recuerda que deben abrocharse el cinturón.Desde las ventanas se ve cómo la ciudad comienza a despertar. El tránsito aumenta, los motoristas se mueven entre los vehículos y, en cada parada, aparecen nuevos estudiantes.
La guagua, que al principio llevaba pocos pasajeros, va llenando poco a poco sus asientos.No hay un autobús asignado para cada escuela. Estos funcionan por rutas y pueden recoger estudiantes de distintos centros educativos ubicados en un mismo sector.Dentro, los niños conversan, juegan y miran por las ventanas. Algunos se inquietan y se levantan de sus asientos, por lo que la auxiliar Jenny Guzmán debe estar pendiente de ellos durante todo el trayecto.
Guzmán, que pertenece al Distrito Educativo 15-03, conoce bien esa rutina.“Algunos niños son un poco inquietos, pero hay que saber cómo manejarlos. Les hablas con cariño”, cuenta.Ella les recuerda que deben permanecer sentados y utilizar el cinturón de seguridad. Algunas auxiliares también aprovechan el recorrido para leerles cuentos y hacer dinámicas que los integre.
Pero el viaje cambia cuando llega el momento de cruzar una calle.Seguridad en el cruce de callesEn una de las primeras paradas, varios estudiantes bajan del autobús. La guagua activa la señal para advertir a los demás conductores que está detenida. La auxiliar se coloca delante de los niños y espera a que los vehículos cedan el paso.
No todos lo hacen.En las avenidas más concurridas, el tránsito obliga a extremar la atención. Los estudiantes permanecen detrás de la auxiliar mientras ella espera el momento adecuado para cruzar.“Es un poco tedioso, porque hay muchos conductores imprudentes, sobre todo los motores. Hay que tener mucho cuidado al cruzar, mantener a los niños detrás y estar atento”, explica Guzmán.El conductor también termina apoyando en algunos de estos cruces.
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