Ayer por la tarde, España detuvo su ritmo cotidiano. Miles de personas pausaron sus rutinas, levantaron la cabeza y se pusieron unas gafas para mirar cara a cara al Sol. Los más intrépidos alzaban sus teléfonos intentando capturar lo imposible, alimentando un murmullo digital de fotos y mensajes apresurados entre familias y amigos que, desde la distancia, intentaban narrarse en tiempo real cómo la luz de pleno agosto comenzaba a disminuir.
Este momento histórico compartido a escala nacional, vivido minuto a minuto en descampados de periferia, en acantilados azotados por la brisa o en la solitaria azotea de un bloque de viviendas. Durante unos minutos inolvidables, la penumbra cubrió las ciudades y el país entero pareció ponerse en pausa. A esta expectativa se le sumó la noticia de la retirada del mercado de hasta siete modelos de gafas de protección —al sumarse un modelo más pocas horas antes del evento por no cumplir con la certificación de seguridad ISO— desencadenó carreras a contrarreloj.
Los carteles de “gafas para el eclipse agotadas” se multiplicaron en las fachadas de las farmacias de medio país, convirtiendo la búsqueda de un filtro homologado en una auténtica caza del tesoro antes de que el Sol empezara a cubrirse.Por si no fuera poco, las horas previas ya aventuraban que no sería una tarde cualquiera. La “eclipsemanía” transformó la geografía española en un rompecabezas logístico donde la movilidad se tensionó al máximo en las carreteras. Y es que la presión no se vivió solo sobre el asfalto.
A medida que la hora del acontecimiento se acercaba, la tensión se palpaba en todas partes: desde los más hipocondríacos, que negaban rotundamente que fueran a mirar por temor a perder la vista, hasta los más aficionados, capaces de cualquier locura por inmortalizar el instante.La búsqueda desesperada de la franja de totalidad, ese ansiado 100%, convirtió la red viaria en una trampa. La Dirección General de Tráfico ya había lanzado la voz de alarma al prever un incremento de la movilidad de entre un 30% y un 100% respecto a una jornada ordinaria, lo que se tradujo en una oleada de entre 400.000 y hasta un millón y medio de desplazamientos adicionales. Para tratar de poner orden en semejante estampida, Interior tuvo que movilizar a 9.400 agentes de la Policía Nacional por todo el territorio nacional.Capital científica bajo la sombraMientras el ciudadano de a …
Los trabajos arqueológicos desarrollados en el subsector Muralla oeste del monumento Marcahuamachuco, en La Libertad, permitieron recuperar materiales que aportan nuevos datos sobre la vida de las poblaciones que ocuparon este espacio hace más de mil años. La información procede de las labores de investigación y conservación ejecutadas en este sector.La Unidad Ejecutora 007 Marcahuamachuco del Ministerio de Cultura informó que entre las evidencias recuperadas figuran restos óseos humanos y animales, fragmentos de cerámica y artefactos líticos. El estudio de estos materiales permite abordar distintos aspectos relacionados con las actividades sociales, productivas y ceremoniales de sus antiguos habitantes.Uno de los objetos identificados es una vasija con la representación modelada de una cabeza de puma.
Por sus características y por el contexto de su hallazgo, los especialistas la vinculan con actividades ceremoniales. La pieza constituye una evidencia para el análisis de las prácticas sociales y religiosas desarrolladas en Marcahuamachuco.Los restos de animales también aportan información sobre los recursos utilizados por las poblaciones del lugar. Entre las especies identificadas aparecen camélidos y cuyes, cuya presencia permite conocer parte de los alimentos incorporados a la dieta de quienes ocuparon estos espacios.Investigaciones ubican la ocupación entre los años 850 y 950 d.
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