“Hay algo fundamental, que es una gestión integrada de las compras”. Así, Federico explica la lógica que atraviesa su trabajo en la industria médica: pensar cada decisión de abastecimiento en función del flujo de venta y del stock necesario. Desde el titanio de grado médico hasta la importación de implantes biomédicos, su tarea combina producción nacional, insumos importados y servicios técnicos, sin perder de vista el objetivo final de mejorar la calidad de vida del paciente.¿Cómo llegaste a desempeñarte dentro de la cadena de abastecimiento de una industria que integra lo productivo con el servicio directo al paciente?Es una empresa con integración en la cadena productiva, pero en el fondo se trata del servicio al paciente: pensar en el último eslabón, en la persona que necesita operarse, un tratamiento o contención, más allá de la venta de un producto o un servicio.Inicialmente estudié preparación física, sin relación con esto.
Cuando cursé marketing pensaba que mi camino iba a ser otro, pero empecé a trabajar en una empresa que me dio la posibilidad de pasar por varios sectores antes de compras: finanzas, administración, entre otros. Ahí empecé a descubrir que esto me gustaba, que había desarrollo posible y que la negociación, en particular, me interesaba.¿Qué insumos se necesitan para que una industria como esta funcione, más allá de lo estrictamente productivo?Se necesita desde titanio de grado médico y plástico de grado médico hasta una camioneta lista para repartir instrumental quirúrgico, maquinaria apta para la producción, una lavadora de ultrasonido y un esterilizador funcionando, con sus propios insumos y servicios de mantenimiento.Y también todo lo que sostiene la operación desde otro lugar: materiales para el área administrativa o simplemente la comida del personal, para que quien trabaja se sienta a gusto y pueda desarrollar su tarea de la mejor manera posible.¿Qué tan difícil es acceder a esos insumos estrictamente médicos, como el titanio?A nivel nacional es una industria bastante desarrollada. Puede pasar que en una pandemia sea terriblemente difícil conseguir algo, y ahí aparece la tarea del comprador: entender hasta qué grado de incertidumbre se puede soportar en la cadena para cumplir el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente.Hoy es mucho más sencillo porque hay una importación abierta y la oferta llega.
Un rey anciano abraza el cadáver de su hijo y llora: así termina la Ilíada. Un hombre solo mira el mar sin poder volver a casa: así empieza la Odisea. De los dos grandes poemas de Homero, escritos con décadas de diferencia pero unidos por la misma guerra y el mismo desgarro.
La película de Christopher Nolan, que recaudó 264 millones de dólares en su primer fin de semana y se convirtió en el mayor estreno global de su carrera, devuelve a millones de espectadores a ese mundo. Vale la pena saber qué encontrarán.La primera sorpresa espera justamente a quien decide volver a Homero. Solemos pensar que la Ilíada cuenta la guerra de Troya y que la Odisea narra el regreso de Odiseo.
Es cierto, pero apenas en un sentido muy general. En realidad, ninguno de los dos poemas hace exactamente lo que esperamos.Las dos son obra de Homero, las dos nacen de la misma guerra y las dos llevan milenios siendo los textos fundacionales de la literatura occidental. Pero son poemas opuestos en casi todo lo demás: una transcurre en cincuenta y un días, la otra en diez años de viaje; una se queda en un campo de batalla, la otra recorre el Mediterráneo; una celebra la furia, la otra premia la inteligencia.
Y sin embargo, los personajes de la segunda cargan con todo lo que perdieron en la primera.La Ilíada no relata los diez años de la guerra. No empieza con el rapto de Helena ni termina con la caída de Troya. El célebre caballo de madera ni siquiera aparece.
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