La revolución neolítica, con su combinación de sedentarismo, agricultura, ganadería, configuración de la propiedad (tierra, ganado, instrumentos de trabajo), conocimiento inicial del entorno natural y entornos de guerra, hizo posible y útil la esclavitud: en beneficio de unos, en contra de otros. Esos procesos se dieron de manera independiente en al menos seis regiones del planeta conocidas como cunas de la civilización: Asia occidental, China oriental, Nueva Guinea, Mesoamérica, Cordillera de los Andes y Norteamérica oriental. Suelen añadirse regiones de África subsahariana y de Amazonia.
El Neolítico se dio en un vasto arco del tiempo: iniciando hacia 8 mil 500 años antes de nuestra era en Asia oriental; 7 mil 500 en China oriental; 3 mil 500 en Mesoamérica y en los Andes. Así hallaron unos hombres una forma de apropiarse del trabajo de otros hombres, en sociedades cada vez más grandes y complejas. Ninguna región enseñó a otra a apropiarse del trabajo ajeno: todas lo descubrieron por sí solas, porque surgía de las mismas condiciones de vida.
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