Esperé con cierta fruición la carrera de Fórmula 1 del Gran Prix de Malasia, aunque esta se realizó a las 4 de la mañana del pasado domingo. En una noche mágica, esperaba a estar despierto para ver a los carros actuar de manera apresurada, surcar el terreno de una pista arenosa con rectas pronunciadas, entrar en los pozos de manera rápida y ver las estrategias de los pilotos en menos de setenta vueltas. Como quedó cronometrado en los medios, Max Verstappen tenía muchos fanáticos.
La veloz carrera terminó con una demostración efervescente de Lewis Hamilton en la tercera posición del podio. A su vez, Max Verstappen logró la hazaña de un adelantamiento para quedar primero en un encuentro que tuvo muchas peripecias: pista mojada y Safety Car. Pensé entonces en Ayrton Senna y Alain Prost en otros eventos muy distantes.
Han sido años de carreras en los Grandes Premios de Fórmula 1. Este mismo fin de semana, escuchaba la radio argentina donde se transmitía un partido de fútbol entre la selección argentina y la de Burkina Faso. Está claro el asunto: la selección de Scaloni vapuleó 7 goles a cero al equipo africano.
Al salir del partido, la entrevista que le hicieron a Lionel Scaloni en la prensa argentina tuvo varios temas. Para ser sintéticos, me refiero a la opinión del técnico sobre Lionel Messi y su último partido con la selección argentina, efectuado este pasado martes 6 de octubre en el Monumental (fue una victoria de Argentina ante Benín 3 a 0 con un gol de Messi de penalti). Decía Scaloni que Messi tenía algo (tiene algo), que mueve a la impresión.
Lo que produce entre los fanáticos es único, pero también en todo el mundo: técnicos, árbitros, personal y público. Fue una gran despedida de Messi que ahora deberá tener otro estilo de vida con Antonela Roccuzzo y sus hijitos Thiago, Mateo y Ciro. En estos días, tengo claro que uno sigue la Fórmula 1 como cuando se seguían las carreras en la Cumbre entre Adriano Abréu, Luis Rafael Méndez y Tony Canahuate.
El sol era intenso: la gente se tiraba (nosotros nos tirábamos sin sombrillas) en la grama y se veía pasar a los autos como ahora se miran en los circuitos de F1. Más que todo, pienso en Kimi Antonelli y cuál sería su rendimiento en un caribeño autódromo dominicano, para no hablar de Verstappen, Lewis Hamilton o Lando Norris, sobrino de Chuck Norris (según un amigo). Como producto de una época, las carreras de …
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