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Narrative Medicine: the discipline that bridges the gap between health and communication and seeks to change the relationship with patients

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 30m ago

El estreno de Tiburón en 1975 cambió para siempre la historia del cine. Fue la puerta de entrada para el concepto de blockbuster, que se afianzaría más tarde con La guerra de las galaxias, y sirvió para encumbrar a Steven Spielberg. Pero lo más importante es la huella que dejó para siempre en la gente con apenas unas notas de John Williams y la silueta de una aleta.

Desde ese momento el séptimo arte supo que había encontrado en esos gigantescos peces de muchos dientes su gallina de los huevos de oro, y era solo cuestión de tiempo que lo explotasen.A rebufo de Tiburón nacieron joyitas como Mako, el tiburón de la muerte y otras fuera de los Estados Unidos como la mexicana ¡Tintorera! o la italiana L’ultimo squalo de Enzo G. Surgieron hasta películas derivadas de la Tiburón original en 3-D o con el mismísimo Michael Caine, aunque no tuvieran el ingenio de Spielberg ni el impacto de la original.

Así nació todo un subgénero conocido como Sharksploitation que llega hasta nuestros días, con sagas de éxito como Megalodón y otros proyectos de serie B como Sharknado. Se han hecho hasta fusiones con Drácula, con drogas (Cocaine Shark), con marionetas o con payasos, así que queda ya poco terreno por explotar.Con todo esto en cuenta, el de un género que ya está más que pasado de rosca y que hace tiempo que no se toma demasiado en serio a sí mismo, llega ahora a los cines En mar abierto, un nuevo capítulo en el sharksploitation a cargo del hombre que precisamente revitalizó el género. Renny Harlin, su director, es el mismo hombre detrás de Deep Blue Sea, la película estrenada en 1999, con el género dando sus últimos coletazos, y que sirvió para hacer revivir la pasión por los tiburones que en el nuevo siglo daría paso a otros títulos como Open Water o Infierno azul del español Jaume Collet-Serra, mientras Netflix ya ha hecho lo propio con En las profundidades del Sena, que ya prepara su secuela, o Embestida, estrenada hace tan solo unos meses en la plataforma.Nada más peligroso que la ignorancia humanaEn mar abierto encajaría mejor entre estas últimas, pues cuenta la historia de la tripulación de un vuelo desde Los Angeles hasta Shanghai que sufre un colapso y, lejos de poder realizar en tierra un aterrizaje de emergencia, tiene que amerizar en medio del Pacífico, cerca de un arrecife coral que además divide el avión en varias partes.

“Hace seis años, un ginecólogo me dijo que me tenía que sacar el útero. En el consultorio estábamos solo él y yo, pero el doctor Roberto Hurtado usó el plural. Una conjugación verbal que me enfrentaba con muchos.

Toda una corporación en la voz de uno de sus representantes diciéndome que tenían que extirpar una parte de mi cuerpo. Como se saca el pus de un grano, el padrastro de una uña, la lagaña del ojo. Al doctor Hurtado le molestaba mi útero.—Si no te lo sacamos, en un año te va a dar cáncer.También dijo eso, sin titubear, mientras yo miraba alrededor.

(...)—¿Entendés, Fernanda?Podía entender que del otro lado del escritorio, un hombre con un delantal blanco desabrochado y un sweater escote en V, con un título enmarcado sobre la cabeza y el resultado de una biopsia que decía que después de dos intervenciones en mi cuello de útero seguía habiendo células afectadas, estaba moviendo sus labios. Lo que no podía entender, todavía, era que de esa boca estaban saliendo palabras cimentadas en un discurso médico nacido para ser irrefutable. Palabras que se me metían en la piel, empezaban a circular por mi torrente sanguíneo, buscaban el útero y le apuntaban.

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