Desde su adopción, la Ley Monetaria y Financiera núm. Como ley marco, sustenta el andamiaje normativo de la Administración Monetaria y Financiera y sirvió para corregir fallas evidenciadas en la última crisis bancaria. También ha sido la base de avances en adecuación patrimonial, provisiones y gobierno corporativo, contribuyendo a un sistema financiero más resiliente.Esa efectividad ha quedado demostrada ante la salida de entidades no sistémicas, una crisis financiera internacional y, más recientemente, una pandemia.
La necesidad no es sustituir el marco actual, sino actualizarlo, preservando lo que ha probado funcionar y cerrando las brechas que surgen de una banca más digital, diversificada e interconectada.La innovación, la digitalización y la diversificación de los activos financieros plantean nuevos riesgos o manifestaciones renovadas de riesgos conocidos. Por ello, la regulación debe mantenerse ágil y en evolución constante.Un primer ejemplo es el riesgo de mercado. Durante años, la banca dominicana concentró su gestión prudencial en el riesgo de crédito.
No obstante, las inversiones en instrumentos financieros han ganado peso dentro del activo bancario. Durante la pandemia llegaron a superar el 30% del activo total de los bancos y, aunque luego se redujeron, al cierre de junio 2026 representaban un 26%.Esto hace indispensable fortalecer la gestión del riesgo de mercado, especialmente por el impacto que las fluctuaciones de los valores negociables pueden tener sobre los resultados de las entidades. La lección no es meramente teórica.
El caso de Silicon Valley Bank mostró cómo una entidad aparentemente solvente podía enfrentar retiros masivos por canales digitales y pérdidas latentes en su portafolio de inversiones. Por ello, las autoridades han impulsado el uso del valor razonable —o mark-to-market— en las inversiones de la banca, en línea con las mejores prácticas contables internacionales.Un segundo ejemplo es la protección de los usuarios financieros. La digitalización trae beneficios importantes, pero también nuevos desafíos: banca en línea, aplicaciones móviles, decisiones automatizadas y uso intensivo de datos personales.Con apoyo del Banco Mundial, se actualizó el Reglamento de Protección de los Usuarios Financieros y se dictó el primer Instructivo de Protección de los Usuarios Financieros.
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