La muerte de Rey Destroyer el 12 de marzo de 2024, tras una caída durante una función de lucha libre en Monterrey, expone los riesgos físicos y económicos que enfrentan muchos integrantes de un gremio con contrataciones inestables, ingresos variables y protección laboral insuficiente.El luchador tenía 22 años; logró reincorporarse después de caer sobre la lona, pero se desvaneció segundos más tarde y permaneció hospitalizado varios días, mientras sus compañeros luchadores organizaron actividades para cubrir los gastos médicos de su familia.Dicho caso también muestra que una lesión puede cortar de inmediato la fuente de ingresos de un luchador, reducir sus posibilidades de aparecer en futuras carteleras y comprometer la continuidad de su carrera. De acuerdo con UNAM Global, la lucha libre profesional mexicana funciona mediante un mercado dividido entre grandes empresas y promotoras independientes.Carlos Juárez Gutiérrez, becario posdoctoral del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM e investigador de las condiciones laborales del gremio, identifica cuatro formas de precariedad: inestabilidad en el empleo, ingresos insuficientes, falta de prestaciones y vulnerabilidad ante accidentes de trabajo.La programación de funciones define ingresos y oportunidadesEn las empresas existen luchadores con vínculos continuos y otros convocados sólo para determinadas funciones. En el circuito independiente predominan los acuerdos verbales, mediante los cuales reciben fechas sin que necesariamente exista un contrato escrito que defina salario, prestaciones o responsabilidades.La ausencia de un documento no elimina los derechos laborales.
La Ley Federal del Trabajo incluye a los luchadores dentro del capítulo dedicado a deportistas profesionales y contempla relaciones por tiempo determinado, indeterminado o para uno o varios eventos.Además, la posibilidad de trabajar depende en gran medida de promotores, empresarios y responsables de elaborar las carteleras. Para quienes participan fuera de las grandes compañías, dejar de ser programados implica perder ingresos y presencia ante el público.El lugar que cada persona ocupa en una función también determina sus ganancias. El escalafón contempla luchas preliminares, semifinales y estelares; quienes aparecen al inicio suelen recibir pagos menores, aunque esa posición no depende exclusivamente de sus años de experiencia.Reco…
Del oficio diplomático se conocen sobre todo las recepciones, los tratados, las fotos ante banderas. Mucho menos se conoce de una cara cotidiana, la consular, hecha de trámites que parecen rutina y esconden algunos de sus desafíos más singulares. Dos episodios recientes, en el sur de Asia, permiten asomarse a ese mundo.En Nueva Delhi, un funcionario diplomático examina un certificado de nacimiento que declara que el titular nació en el año 2083.
El sello es auténtico, la firma legítima, el nacimiento real. Y sin embargo, para quien cuenta los años desde el papa Gregorio XIII, ese niño tardará todavía más de medio siglo en nacer. El funcionario no tiene delante un error sino otra manera de medir el tiempo.El documento viene de Nepal, donde rige el calendario Bikram Sambat, que corre unos cincuenta y siete años por delante del gregoriano.
Sus meses no coinciden con los nuestros ni duran lo mismo cada año, de modo que para convertir una fecha se deben consultar tablas y cotejar equivalencias, mes por mes. Legalizar esa acta de nacimiento es certificar que dos cronologías distintas hablan del mismo día.Poco después llega otro documento: un pasaporte indio donde el titular tiene un solo nombre. El formulario hispanoamericano, que exige apellido paterno y materno, queda incompleto; el pasaporte, no: en el sur de India, millones de personas llevan el nombre del padre como inicial que se expande o se contrae según la ocasión; otras llevan el pueblo, la casta que se abandonó, o simplemente un nombre, completo en sí mismo.
El apellido heredado es, también, una invención con fecha y lugar de origen.Sería fácil archivar estos episodios como exotismo: los otros y sus calendarios, los otros y sus nombres. Pero el espejo apunta hacia acá: lo que llamamos natural es, siempre, hijo de una época y de un lugar. El calendario gregoriano nació en 1582 por bula papal, para corregir una Pascua que se desfasaba; Inglaterra tardó ciento setenta años en aceptarlo y Rusia no lo adoptó hasta 1918.
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