El reciente lanzamiento de Tesla en Uruguay reabrió la expectativa de un desembarco oficial en Argentina que, al día de hoy, parece inevitable. Hay varias razones para creer que la decisión está tomada y es solo cuestión de tiempo de implementación. La relación del Presidente Milei con Elon Musk ya no es más que el primer paso para sostener la idea.
Hay otros motivos e indicios más vinculados con la decisión de Tesla de extender su alcance y crecer incluso en aspectos que trascienden la simple venta de autos eléctricos.Semanas atrás Tesla firmó con YPF un acuerdo para hacer desarrollos conjuntos en Argentina vinculados a la creación de redes de carga rápida, extensible a proyectos de almacenamiento de energía e innovación tecnológica. Como parte del despliegue local, la compañía norteamericana abrió una oficina en Argentina y nombró un CEO local, Joaquín Lizarralde, quién dirigirá las operaciones en el país pero también en Uruguay.La decisión de poner un pie en la región parece ser una respuesta estratégica de Tesla a la expansión de sus mayores competidores, las marcas de autos eléctricos chinos, que en los últimos dos años desembarcaron en la región con gran fuerza. En especial en Argentina y Brasil, los dos mercados más grandes y con industria automotriz propia de gran escala, pero también en Uruguay, donde se dan condiciones especialmente beneficiosas para esta tecnología.La electromovilidad en UruguayUruguay tiene una política arancelaria, una matriz energética local de energías renovables y una conformación geográfica que crean el ecosistema ideal para vender autos eléctricos.
Mínimos impuestos, energía eléctrica a bajo costo y distancias cortas que no requieren gran autonomía.En ese país, un auto importado de extrazona con motor de combustión interna paga un 23% de arancel de importación, mientras que un auto eléctrico tiene arancel cero, es decir lo mismo que paga un auto convencional importado desde Argentina o Brasil, países del Mercosur con los que existe un acuerdo de complementación económica sin aranceles.Pero además, en Uruguay existe un impuesto interno específico llamado IMESI, que se aplica sobre productos que generan contaminación, incluso más allá de los autos, como pueden ser los cigarrillos. Ese impuesto tiene una alícuota que varía de acuerdo a la cilindrada del motor. Si es un motor 1.0 litros paga 23%, pero si es un motor 1.8 paga m…
Jaguar, puma, ocelote, tigrillo, yaguarundí y oncilla, son las seis especies de felinos que alberga Panamá y que se encuentran bajo algún nivel de amenaza.Esta amenaza se da principalmente por la pérdida y fragmentación de sus hábitats, reducción de presas naturales y la presión humana sobre los territorios donde históricamente han coexistido con otras especies.La principal amenaza para estos carnívoros radica en la pérdida y fragmentación de sus hábitats, resultado de actividades como la expansión agrícola, la ganadería extensiva y la urbanización. El avance sobre áreas boscosas reduce los espacios donde los felinos pueden cazar y reproducirse, además de aislar poblaciones que antes mantenían contacto genético. A esto se suma la reducción de presas naturales, fenómeno que se agrava por la caza furtiva y la competencia con especies introducidas o domésticas.
De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 49,000 especies animales y vegetales en el mundo están actualmente clasificadas como amenazadas, siendo los felinos de América Central parte de este grupo.Estos animales, según fuentes de Ambiente, cumplen una función vital en el equilibrio ecológico, ya que regulan las poblaciones de otras especies y contribuyen a mantener la estructura natural de los ecosistemas. En el caso del jaguar, el mayor felino del continente, el conflicto con actividades ganaderas continúa siendo uno de los principales factores de riesgo, especialmente cuando ocurren ataques a animales domésticos.Este animal ocupa los bosques densos y las zonas húmedas de Panamá. Esta especie, emblemática para la región, se encuentra clasificada como casi amenazada y su presencia se ha visto reducida en los últimos años, especialmente en áreas cercanas a la frontera con Costa Rica y Colombia.Mientras, el puma, de amplia distribución en el continente, mantiene poblaciones fragmentadas en el país, principalmente en zonas montañosas y parques nacionales.El ocelote y el tigrillo son felinos de tamaño mediano y hábitos mayormente nocturnos, asociados a selvas tropicales y bosques secundarios.
Estos animales dependen de la cobertura vegetal para ocultarse y cazar, por lo que la deforestación representa una amenaza directa. En tanto que el yaguarundí y la oncilla, de menor tamaño, presentan hábitos más adaptables, pero también sufren los efectos de la transform… La coliflor pasó de ser la verdura que “nadie quería” a protagonista de la cocina saludable.
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