Sevilla, 22 sep (EFE).- Antonio Buza, el padre de Ana, la joven fallecida el 6 de septiembre de 2019 presuntamente atropellada por su novio en una autopista de Sevilla, ha lamentado este martes que las pesquisas del caso se cerraron “en 36 horas y sin investigar”, y ha asegurado que tiene pruebas suficientes de que su hija fue asesinada.En declaraciones a los periodistas a las puertas de los juzgados de Sevilla, donde el pasado viernes comenzó este juicio, Buza ha dicho que el proceso ha llegado “tras una lucha incansable de siete años”, y tras una investigación que se cerró sin “sin mediar investigación alguna, en menos de 36 horas, al día siguiente de la muerte”.Para el padre de la fallecida, no se sostiene la tesis de la Fiscalía de que la joven se suicidó porque “lo dijeron claramente y lo firmaron cinco magistrados de la Audiencia Provincial, que la tesis de mayor verosimilitud, la más creíble” es la de homicidio doloso, por el que la familia pide 20 años de prisión frente a los tres de la Fiscalía por un delito de homicidio imprudente.“Esta fiscal dijo el primer día que mis peritos, prácticamente con otro lenguaje, estaban comprados, pero son de una talla y de una cualificación profesional impresionantes”, ha señalado, para descartar que algunos no han querido cobrar su trabajo “por justicia”, y están “deseando defender esta tesis ante el jurado”.Antonio Buza ha pedido paciencia, “no la soberbia vista en el sistema judicial y policial hasta ahora”, y ha vaticinado que “se va a verter todo tipo de basura” hacia su hija, “denigrando su imagen”, además de rechazar que ella se suicidase, porque “era una niña, una joven, una adolescente con muchísimas ganas de vivir, una chica con mucha bondad, lealtad, con muchísimo sentido de la justicia, y sus padres están aquí para defenderla”.Ha señalado también que el ordenador del acusado fue contaminado cuando lo abrió la Policía Judicial para estudiarlo, además de que nunca fue detenido, y se ha mostrado seguro de que los dos guardias civiles que declararon en el juicio “no se habían enfrentado a un escenario de homicidio nunca antes”.La noche de autos, la pareja tenía pensado dormir en el domicilio de la familia del acusado, pero tras una discusión la joven decidió irse y le pidió que la llevase a Sevilla capital, donde vivía en un piso de estudiantes.El joven le pidió el coche a su padre, y, tras dejar al progen… Madrid, 22 sep (EFE).- Una de cada cuatro familias comparte imágenes de sus hijos varias veces al año en España, el país europeo donde más sobreexposición de los menores en el mundo digital se practica. Enviar la primera ecografía o sus primeros pasos se ha convertido es una práctica normalizada que puede derivar riesgos como el ciberacoso o el uso de sus imágenes por depredadores sexuales.El 95 % de los padres y madres lo hace para mantener el contacto con familiares y amigos, pero solo una de cada cuatro familias afirma pedir permiso antes de publicar.Son datos recogidos en el informe presentado este martes por Aldeas Infantiles SOS 'Crecer en el escaparate digital.
Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos e hijas en internet', que alerta de sus efectos sobre la intimidad y la salud emocional de los menores, de la huella digital y en materia de seguridad."No se trata de culpabilizar a nadie, sino de tener información", ha destacado la directora de la entidad de infancia, María del Mar Líndez, "porque la mayoría de las familias comparte estos contenidos con buena intención y sin conocer plenamente sus posibles consecuencias".Por ello el estudio ofrece pautas para que familias y otros adultos de referencia protejan el derecho a la privacidad y a la propia imagen de niños, niñas y adolescentes en internet.Según la autora del informe, Laura G. de Rivera, la sobreexposición digital puede transmitir a los niños y adolescentes que su intimidad no tiene valor y dificultar que aprendan a respetar también la de los demás porque ven cómo sus propios padres están compartiendo continuamente fotografías. "En nuestras manos está pararlo", ha recordado.La experta ha explicado que publicar una imagen, aunque sea el perfil privado o el mensaje temporal, implica perder parte del control sobre ella: puede descargarse, capturarse, reenviarse, reutilizarse para crear perfiles falsos, emplearse en situaciones de ciberacoso o caer en manos de depredadores sexuales.Entre las recomendaciones, plantea reflexionar antes de publicar, limitar la difusión, respetar la imagen ajena y educar en privacidad; y reclama la implicación de familias, plataformas, instituciones, centros educativos, medios de comunicación y administraciones."Un uniforme escolar, una fachada, una localización reconocible o una rutina familiar pueden revelar dónde estudia o vive una pe…
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