El 19 de noviembre de 2004, el Palace of Auburn Hills se convirtió en el escenario de uno de los partidos más recordados en la historia de la NBA, aunque no por razones deportivas. Aquella noche, los Detroit Pistons recibieron a los Indiana Pacers en un duelo que, en principio, parecía uno más del calendario regular. Sin embargo, el contexto reciente de ambos equipos dotaba al enfrentamiento de un trasfondo especial.Detroit venía de consagrarse campeón en la temporada 2003-04, tras superar a los propios Pacers en las finales de la Conferencia Este y vencer a Los Angeles Lakers en las finales.
El equipo dirigido por Larry Brown se había consolidado como una potencia defensiva en el básquet, con figuras como Ben Wallace, Rasheed Wallace y Chauncey Billups. Su identidad estaba marcada por la intensidad y la solidez en ambos extremos de la cancha.Indiana, por su parte, llegaba a ese partido con un objetivo claro de revancha. La eliminación en los playoffs anteriores había dejado una herida abierta en el plantel comandado por Rick Carlisle.
Con jugadores como Ron Artest, Jermaine O’Neal y Stephen Jackson, los Pacers se presentaban como uno de los grandes aspirantes a destronar a Detroit y lograr el ansiado pase a las Finales de la NBA. La rivalidad entre ambos equipos se encontraba en un punto álgido, alimentada por recientes batallas y la expectativa de un nuevo capítulo en la lucha por el dominio del Este.Malice at the Palace, el partido más bochornoso en la historia de la NBAEl partido transcurría casi sin sobresaltos hacia su final, con el marcador ampliamente favorable para Indiana. Faltaban apenas 45 segundos cuando Ron Artest, alero de los Pacers, cometió una falta dura sobre Ben Wallace, figura de Detroit.
Wallace, aún afectado por la reciente muerte de su madre y visiblemente frustrado, reaccionó empujando con fuerza a su colega. De inmediato, jugadores de ambos equipos se acercaron y comenzaron los empujones y gritos, mientras los cuerpos técnicos intentaban separar a los protagonistas. Según el testimonio del árbitro Tim Donaghy, el ambiente ya era tenso desde el inicio del partido debido a la rivalidad y la reciente historia entre ambos equipos, recogió Ba Ball.Sin embargo, la situación se agravó cuando un fanático de los Pistons, identificado luego como John Green, arrojó un vaso con cerveza que impactó de lleno sobre el jugador de Indiana.
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