Los incendios forestales en el país parecen ser intermitentes.Pero no son.Con frecuencia amenazan con lacerar inmisericordemente la madre naturaleza.Sus repercusiones inducen a depredar la foresta nacional, extinguiendo su impresionante verdor y frescor.En nuestras fuentes acuíferas la extracción irracional de materiales y el progresivo deterioro que potencializa la sequedad incita a la preocupación colectiva.Sabemos que existen razones naturales que podrían generar de manera espontánea el fuego en zonas boscosas.Pero, sin exageración alguna, ahí no está el detalle.De igual modo, la explicación causal no siempre tiene su cimiento en la situación de pobreza de los moradores donde los incendios se escenifican.Asegurar que el conuquismo es el motivo fundamental para calcinar nuestros árboles, en las impresionantes áreas montañosas de nuestro suelo, no deja de ser una verdad a medias que raya en la irresponsabilidad.Así se advierte tan pronto como brigadas de valientes y laboriosos dominicanos logran extinguir los incendios y al poco tiempo se empieza a observar con detenimiento la utilización de los terrenos lacerados por las llamas en el borde de los parques nacionales.Es allí, donde quemaron el bosque y en donde comienzan las mediciones topográficas, el replanteo de la obra a construir y la presencia de camiones repletos de materiales de construcción para iniciar el meteórico proceso de levantamiento de una espaciosa, confortable, impresionante y lujosa cabaña o residencia campestre, con piscina infinita y chimenea, para el disfrute de una familia adinerada.Son esos "desarrolladores de nuevo cuño" los que, esencialmente promueven y protagonizan los dolorosos y alarmantes crímenes ecológicos con la aparente permisividad de las autoridades llamadas a hacer cumplir las leyes y normas que garantizan el rescate y la preservación del ecosistema nacional.Desgraciadamente, los ejemplos sobran mientras la tolerancia institucional y la ineficiencia gubernamental adquiere dimensiones acentuadas que irritan al más insensible de los mortales.Y ha sido de esa manera, no obstante, la pronunciación de discursos hermosos verbalizados para criminalizar la inaceptable acción de descalabrar el medioambiente, fuente de la existencia y regalo del Divino Creador, pero que al final de todo lo prometido, poco o nada, absolutamente se cumple.Son esos depredadores los que reflejan se… Le ha quitado mucho tiempo a Abya Yala, o a América Latina, de rescatar su historia fuera de la mirada colonial (que no significa, en ningún caso, negar que sucedió, que somos el resultado de ello y que, para desventaja de nuestro propio desarrollo y futuro, pervive de muchas maneras).Pero la verdad hay que decirla. Manuel Díaz no cometió un exabrupto.
Solo resumió la esencia de la cultura política dominicana, esa que incide una sociedad que se refleja en ese espejo, aunque se niegue a mirarlo."El que está agresivo, aquí se calma", me dijo un señor con más de cuatro décadas viviendo en Ginebra, una ciudad donde el silencio ocupa cada bloque del centro de una ciudad amplia, limpia y ordenada.Suiza apenas tiene un poco menos de kilómetros cuadrados y un poco menos de personas que la República Dominicana. Sus más de 1,500 lagos (donde algunos se bañan junto a los patos y cisnes) deslumbran a cualquiera que lo recorra con sus aguas azules y cristalinas. No hay que preguntar si el agua es potable.Tampoco hay que pedirle permiso al motorista (o al ciclista, mejor dicho) para caminar sobre el pase de cebra.
El juego de luces de los semáforos responde a su perfecta sincronía para medir a quién le corresponde cruzar la calle en todo momento. Hay sus peatones que cruzan en rojo, pero se están delatando, porque todos esperan su turno.Los autobuses y tranvías llegan a la hora acordada, anunciada en las pantallas electrónicas de las estaciones de autobuses, que es la misma de Google Maps y de la aplicación del sistema de transporte integrado estatal.El policía de tránsito no existe. Es tan obvio que la multa a pagar si alguien no tiene ese ticket es tan cara, que ni siquiera se asume que alguien que tome un tranvía se haya montado sin boleto.Los carteles publicitarios no arruinan la vista urbana con su tamaño.
La propaganda política tiene su espacio designado. Los partidos invitan a la gente a asistir a las votaciones sin los rostros de sus políticos y con los logos de sus partidos políticos en las esquinas de sus carteles. Cada decisión debe ser elegida por sus propios ciudadanos.
La figura del presidente republicano tradicional no existe.Podría resaltar muchas otras cualidades de ese país precioso, autodenominado neutral. Podría, incluso, venderlas como características extraordinarias, pero n…
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