Cuando los servicios de emergencia abrieron las puertas del camión abandonado en una carretera remota de San Antonio, Texas, el 27 de junio de 2022, encontraron 48 cuerpos sin vida y marcas de uñas en las paredes interiores del compartimento de carga, tal como reconstruyó NBC News. Otras cinco personas murieron en hospitales. Entre las víctimas había seis menores de edad y al menos una mujer embarazada.
La escena marcó el capítulo más letal en la historia del tráfico de personas en la frontera sur de Estados Unidos.Más de cuatro años después, el juez de distrito Orlando Garcia dictó el martes 20 de octubre de 2026 la sentencia contra Rigoberto Román Miranda-Orozco, el hombre de 39 años que reclutó y organizó el viaje de al menos tres de esas víctimas desde Guatemala.Dos de ellas murieron en el tráiler; la tercera sobrevivió con lesiones graves tras una prolongada internación.Las últimas horas dentro del tráilerEl Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) detalló que Miranda-Orozco conspiró con otros traficantes para facilitar el traslado de migrantes desde Guatemala, a través de México, hasta territorio estadounidense.El camión fue cargado con 64 personas y recorrió unos 250 kilómetros (156 millas) entre Laredo y San Antonio con temperaturas que superaban los 32 ℃ (90 ℉). El sistema de aire acondicionado del remolque no funcionaba.De acuerdo con documentos judiciales citados por USA Today, las condiciones dentro del tráiler se volvieron “insoportables y caóticas”. Algunos pasajeros perdieron el conocimiento.
Otros se quitaron la ropa en un intento desesperado por soportar el calor.Veintiuno de los 53 fallecidos eran ciudadanos guatemaltecos, tal como precisó el fiscal federal Justin Simmons durante una conferencia de prensa posterior a la sentencia.“Fue claro que sufrieron enormemente en sus últimas horas sobre esta tierra”, afirmó Simmons en declaraciones recogidas por NBC News.El rol del acusado en la red de tráficoEl rol de Miranda-Orozco no se limitó a un único viaje. Los fiscales federales lo describieron como alguien que estuvo “al principio y al final” de la operación fatal: reclutó a las víctimas, organizó su transporte y alojamiento a lo largo de toda la ruta y cobró hasta USD 15.000 por persona —USD 10.000 antes de la travesía y USD 5.000 al llegar a destino—.Pero el dato que más pesó en la decisión del juez Garcia fue otro. Un equipo de la Universidad de Kioto comprobó, en un estudio publicado en la revista Animal Behavior and Cognition, que los gibones adultos observan los ojos más tiempo que cualquier otra zona del rostro, sobre todo cuando pertenecen a otro gibón.De acuerdo con Earth.com, los gibones son simios pequeños, no monos, y se separaron de la línea evolutiva que conduce a los humanos y los grandes simios hace cerca de 17 millones de años.
Suelen vivir en grupos familiares reducidos, organizados alrededor de una pareja estable y sus crías, una estructura distinta de la de muchas otras especies de primates.Los resultados aportan datos sobre la atención social de estos primates y sobre el posible origen evolutivo de la tendencia a mirar los ojos, presente también en personas, grandes simios y monos macacos.Tres machos participaron en una prueba voluntariaEl experimento contó con Tsuyoshi y Raja, 2 hermanos de 23 años, y con su padre, Mamy, cuya edad se estimó en 52 años. Los 3 habían convivido desde temprano con personas y veían con regularidad tanto rostros de la población humana como de su propia especie.Cada animal se ubicó a unos 65 centímetros de un monitor de 23 pulgadas. El sistema de seguimiento ocular, una herramienta que mide hacia qué parte de una imagen dirige la vista un individuo, funcionó sin colocar dispositivos sobre los primates.Los investigadores ofrecieron gotas de agua para favorecer que permanecieran frente a la pantalla, aunque podían retirarse cuando quisieran.Los participantes observaron 48 fotografías, divididas en partes iguales entre rostros de humanos adultos desconocidos y de gibones adultos desconocidos.
Las caras aparecían de frente, con expresión neutra, ojos abiertos y boca cerrada. Cada imagen permanecía 3 segundos en pantalla.El aparato registró el tiempo de observación de los ojos, la nariz, la boca, el contorno de la cara y el fondo. Al combinar las mediciones, los investigadores hallaron que la región ocular recibió más atención que todas las demás áreas.
El patrón se repitió ante fotografías de machos y hembras, aunque no se evaluó si existía una preferencia por el sexo.Los ojos retuvieron más interésLos 3 animales dirigieron más tiempo la mirada hacia los ojos de los gibones que hacia los de las personas. La nariz y la boca no mostraron una diferencia equivalente entre ambas clases de imágenes, lo que apunta a que los ojos tien…
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