Nueva York se convirtió en la primera ciudad de Estados Unidos en exigir por ley que las empresas permitan a los usuarios cancelar suscripciones con la misma facilidad con la que las contratan. La normativa, denominada "Click to Cancel", entró formalmente en vigor el 1 de los corrientes.
La medida legal busca eliminar los obstáculos y procesos engorrosos que tradicionalmente imponen las compañías para dificultar la baja de servicios recurrentes, equiparando el procedimiento de cancelación al de suscripción inicial.
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