El exceso de peso y la obesidad figuran desde hace años entre los factores que más preocupan en salud pública por su asociación con presión arterial elevada, alteraciones del colesterol y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. En las últimas décadas se amplió el uso de tratamientos para controlar esos factores de riesgo, sobre todo en adultos de mediana edad y mayores.Ese cambio ayudó a modificar una parte del panorama. En personas con sobrepeso, el mayor acceso a fármacos para reducir la presión arterial y el colesterol empezó a achicar la distancia que antes existía frente a quienes tenían un índice de masa corporal dentro del rango considerado normal.
Según Harvard, esta tendencia aparece con claridad en un análisis internacional reciente y permite observar cómo el tratamiento de los factores de riesgo cardiovascular ganó peso dentro del abordaje de la obesidad.El nuevo dato no elimina los efectos adversos del exceso de peso ni convierte a la medicación en una solución total. Lo que muestra es algo más puntual: en ciertos grupos, sobre todo entre mayores de 40 años, el control farmacológico de la presión arterial y del colesterol se volvió un factor relevante para reducir parte del riesgo cardiometabólico asociado a la obesidad. Al mismo tiempo, los resultados subrayan que en adultos jóvenes la situación sigue siendo distinta.La relación de obesidad y el uso de medicamentos para la presión arterialUn análisis publicado en The Lancet evaluó 110 encuestas nacionales de salud.
El trabajo reunió datos de 978.425 personas de 20 a 79 años y comparó presión arterial, colesterol y uso de medicación entre personas con peso normal, sobrepeso, obesidad y obesidad severa.De acuerdo con los autores, en las últimas tres décadas aumentó la probabilidad de que las personas con obesidad recibieran medicamentos antihipertensivos y tratamientos para bajar el colesterol. Esa expansión del tratamiento estuvo acompañada por una disminución gradual de las diferencias en la presión arterial y en los niveles de colesterol entre las personas con obesidad y aquellas con un peso considerado normal.Los investigadores observaron que esa convergencia fue más marcada en adultos de 40 a 79 años, y especialmente en el grupo de 60 a 79 años. Según indicó el equipo de la Colaboración sobre Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles, ese cambio acompañó un mayor uso de estat…
La función renal se deteriora con el paso de los años de forma silenciosa, sin que el organismo emita señales claras hasta que el daño ya lleva tiempo instalado. La enfermedad renal crónica afecta a más de 850 millones de personas en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud, y la mayor parte de la investigación sobre ese deterioro se había concentrado en quienes ya tenían los riñones comprometidos.Lo que no estaba claro era si la aptitud física, la capacidad del corazón y los pulmones para sostener el esfuerzo de forma sostenida, podía marcar alguna diferencia en la velocidad a la que los riñones envejecen en personas que todavía no han desarrollado ninguna enfermedad. La pregunta tenía una implicación concreta: si esa relación existe antes de que aparezca el daño, hay una ventana para actuar.Sobre este aspecto se centró un trabajo publicado en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise que aporta una respuesta: las personas con mayor aptitud cardiorrespiratoria pierden función renal más lentamente con los años, incluso cuando sus riñones funcionan con plena normalidad.
La investigación, conducida por científicos del Instituto de Ciencias de la Salud y el Deporte de la Universidad de Tsukuba, en Japón, siguió a 198 adultos durante cinco años y encontró que esa capacidad aeróbica opera como un factor asociado a la preservación renal a lo largo del tiempo.Cómo midieron el estado físico y la salud de los riñonesLos participantes, residentes en la prefectura de Ibaraki y zonas aledañas, tenían todos la función renal intacta al comienzo del seguimiento, con una mediana de edad de 61,4 años.Para medir la aptitud cardiorrespiratoria, los investigadores realizaron una prueba de pedaleo en bicicleta estática que no requería llegar al agotamiento total. Registraron el consumo de oxígeno en el umbral ventilatorio, el punto en que el organismo empieza a acumular más dióxido de carbono del que puede eliminar, como indicador de la resistencia de cada persona.La salud renal se evaluó una vez por año durante cinco años a través de dos formas de estimar la velocidad de filtración de los riñones, es decir, la rapidez con la que depuran los productos de desecho de la sangre.Una de esas estimaciones se basó en los niveles de cistatina C, una proteína cuya concentración refleja con precisión cuánto trabajan los riñones; la otra, en los niveles de cre…
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