Tres jóvenes de entre 21 y 25 años fueron detenidos por su presunta vinculación con la muerte de un trabajador y el robo de varios bienes en el parqueo del Hospital General Docente Ernesto Guevara, en Las Tunas, ocurrido durante la madrugada del 24 de agosto de 2026. La causa del fallecimiento aún no fue divulgada y tampoco se informaron los resultados de los análisis forenses y toxicológicos mencionados tras el hecho.Los detenidos fueron puestos a disposición de las autoridades competentes, aunque no se conocieron sus identidades ni los cargos que enfrentarían. La información fue difundida por el oficialista Periódico 26, que citó fuentes oficiosas y los señaló como presuntos autores.Durante el episodio fueron robados una bicimoto, una bicicleta de paseo y un teléfono móvil.
El custodio del área de bicicletas murió, mientras que otro trabajador, vinculado al área de gases según uno de los reportes, resultó lesionado y no estuvo en peligro de muerte.La incógnita sobre la causa del fallecimientoEl trabajador fallecido fue identificado como Rafael Jiner Guerra, de 64 años, quien llevaba más de tres décadas empleado en el centro sanitario. Las primeras versiones no establecieron cómo murió ni precisaron si sufrió una agresión física.Los reportes iniciales indicaron que no se habían detectado signos de violencia física en las víctimas. Sin embargo, la situación fue descrita como un hecho violento, una caracterización que alimentó cuestionamientos y distintas versiones entre residentes y usuarios de redes sociales.El perfil oficialista Claridad Tunera sostuvo que los dos trabajadores estaban juntos en el parqueo de bicicletas del Hospital Provincial Dr.
Ernesto Guevara cuando ocurrió el robo. Ese medio señaló que, “al parecer”, desconocidos habrían puesto algún tipo de somnífero en el café que consumieron.La posibilidad de que una sustancia sedante o tóxica hubiera sido utilizada para inmovilizar a los trabajadores no fue confirmada por las autoridades. También circuló la hipótesis de que el custodio hubiera sufrido un fallo cardíaco asociado al estrés, ante la ausencia de heridas o golpes visibles, pero tampoco se conoció una conclusión oficial sobre esa versión.El hermetismo inicial sobre la investigación favoreció la propagación de rumores sobre lo sucedido en la instalación médica.
Los nuevos reportes sobre las detenciones no detallaron la causa de muerte de… El crítico Terry Eagleton, de 83 años, examina la muerte en A Death of One’s Own (Una muerte propia) como un hecho inevitable que libera de obligaciones sociales, pero que los seres humanos suelen recibir como una injusticia inesperada por su incapacidad de vivir plenamente en el presente. Tras una carrera académica de 60 años, el pensador marxista desplaza su interés hacia el final de la vida.El libro no desarrolla un argumento lineal ni una investigación sostenida sobre los temores y consuelos de morir.
Eagleton reúne, en cambio, ideas y figuras que marcaron su vida espiritual e intelectual durante seis décadas: Karl Marx, Sigmund Freud y el catolicismo de su infancia aparecen antes de que “caiga el telón”.La muerte carece de sentido de la ocasión, sostiene el autor: puede llegar mientras alguien lleva un disfraz de jirafa. Esa falta de solemnidad no le parece especialmente grave, porque el muerto ha quedado fuera del alcance de la preocupación por su apariencia o por la mirada ajena.Estar muerto permite eludir deberes morales y sociales: ya no hace falta pagar a los acreedores, asistir al funeral de la madre ni responder a las exigencias cada vez más urgentes por una multa de estacionamiento. Eagleton encuentra incluso una dimensión erótica en la descomposición, a la que define como “la dicha erótica de rendirse a un poder inexpugnable”.
Esa liberación implica dejar de sostenerlo todo. Sin embargo, hasta ese momento las personas deben continuar con su vida bajo la certeza de que el final puede estar cerca.El crítico literario propone afrontar cada jornada con conciencia de la muerte. La actitud podría liberar a las personas “de la ansiedad mortal que nos obliga a aferrar, acaparar y devastar”, y permitiría percibir una gota de lluvia, un rayo de sol o el crujido de una manzana con la intensidad visionaria de William Blake.El propio autor advierte que alcanzar ese estado de lucidez puede resultar “más problemático de lo que vale”.
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