Busqué su nombre en fuentes dominicanas. El 21 de agosto de 2007, dos meses después de su muerte, la prensa dominicana reportó que la Asociación Dominicana de Críticos de Arte le había otorgado un reconocimiento especial póstumo, junto a las figuras de María Ugarte y Jeannette Miller. En los diecinueve años transcurridos desde entonces, ninguna otra mención.
Todo lo demás que hoy sabemos de él viene de México, España e Italia.Nació en Santo Domingo en 1962. A mediados de los noventa se instaló en México, y ahí, sin formación previa en artes visuales, hizo algo que solo la audacia explica: se convirtió en uno de los curadores más importantes del arte electrónico latinoamericano.Curar viene del latín cura —cuidado, atención— y de curare, ocuparse de algo. El curator romano era quien tenía algo a su cargo: un administrador, un guardián.
La Real Academia Española conserva ese hilo casi sin tocarlo: curador es, en una de sus acepciones, “quien tiene cuidado de algo”. Un curador es quien decide qué obras se ponen a conversar entre sí, y construye el sentido que las une.El arte electrónico: video, instalaciones interactivas, obras que responden al movimiento del cuerpo o a la presencia del público, llevaba entonces apenas tres décadas de existencia, y todavía luchaba por un lugar serio dentro de museos acostumbrados a la pintura y la escultura. Fue uno de los incipientes intentos del arte de hacerse preguntas que hoy nos resultan cotidianas: qué significa ser observado, qué pasa cuando la máquina responde a nuestro cuerpo.
Preguntas que el mundo entero se haría después, con el teléfono en la mano. Lozada fue de los primeros en formularlas desde un museo.En 1999 organizó el primer festival de video y arte electrónico de la Ciudad de México. Poco después fue el principal impulsor del Laboratorio Arte Alameda, del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde curó la obra de algunos de los nombres más relevantes del arte contemporáneo mundial: la artista libanesa-británica Mona Hatoum, hoy una de las más celebradas del planeta; el francés Daniel Buren, ganador del León de Oro en Venecia; y el mexicano Rafael Lozano-Hemmer, pionero del arte electrónico interactivo.
En 2005 curó Dataspace, exposición presentada primero en Madrid, como parte de México en ARCO '05, y después, ampliada, en el propio Laboratorio Arte Alameda.
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