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Procession of the Virgin of La Candelaria

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 26m ago

Fue hace tanto tiempo y luce tan cercano como ayer en la mañana; domingo radiante, con la procesión de la Virgen de La Candelaria. Los niños del colegio Niño de Atocha, con nuestra maestra, Dulce Minier y las inolvidables Directoras Doña Victoria y Doña Lesbia. Las 8 y estábamos ya en fila junto al Parque San Carlos, del lado de la 16 de Agosto.

Los uniformes de gala, la expectativa de lo desconocido, en un 1956 que con ocho años me inauguraba la vida. Mi mejor amigo, el ‘socio´ César Augusto Santana, como yo, nos confesábamos sentir ganas de hacer pipí con tanta emoción.Nuestra gala de varones: pantalón de gabardina azul marino y chacabana blanca, zapatos negros -que estén muy brillantes, nos había advertido la Directora. Las hembras, con uniforme blanco, cinturón del mismo color en tela, ribeteadas ambas piezas finamente en azul marino, zapatos blancos y un sombrerito tejido color crema, con lazo.

Vimos cómo subía la cuesta de la 16, la banda de música, -¡son los bomberos! cargados de trombones, trompetas, tambores, marimbas, en uniformes color gris: pantalones y camisa listonados en rojo y con gorros militares en la misma combinación de colores. El público sentado en las bancas del parque se levantó celebrante ante la aproximación de la esperada tropa musical.

Nosotros dábamos brinquitos de alegría hasta el punto de que nos llamaron la atención. Mi regocijo era triple, pues a los motivos de la aventura en procesión que anticipábamos y la tarde de cine a la que mi hermano Rafael prometió me llevaría –una de vaqueros buena, me dijo, estaba en paralelo con la niña que recuerdo fue la primera de quien me sentí enamorado. Algo así como un metro nos separaba y desde hacía un tiempo pensaba y soñaba con ella.

Ahora me encontraba ahí, casi a su lado; preciosa, cabellos negros, con pecas, dientes muy blancos, labios algo carnosos (sí, también eso noté a mi edad) en un uniforme que me hacía verla como envuelta en blanco papel de regalo. Conversamos sobre no sé qué cosas de la procesión, que llamábamos desfile, ya lo olvidé. Fue entonces cuando recibí el primer acto cariñoso de amor no maternal, no filial, de otro ser humano.

Fue breve, muy breve, pero congelé ese instante y se hizo largo, muy largo: en silencio levantó lentamente su brazo derecho y acercó su mano a mis cabellos en un poco disimulado intento de recomponerlos y con suave delicadeza tocó mi frente y …

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Read the full story at the source Diario Libre (Santo Domingo, Dominican Republic) · DO
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