Esta columna comenzó hará un cuarto de siglo bajo el nombre de El eco y la sombra, surgido de la lectura de Chuang Tzu en volumen que he perdido. Omito por ello la cita literal que lo originó. Mas a continuación expongo tres versiones o interpretaciones, para el caso es lo mismo, de Oscar Wilde, Octavio Paz e Iñaki Preciado Idoeta (no pude conseguir, si es que existe, la de Thomas Merton, quien sugiere lo conjetural implícito en toda traducción y se ocupa del mismo simbolismo en otro pasaje del sabio chino).
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