París, Milán, Lisboa o Nueva York son lugares que siempre están en las listas más deseadas de los viajeros y, con las redes sociales, pocos son los lugares que quedan por conocer. Pero hay un destino que carga a sus espaldas miles de años de historia y conquistas de pueblos de todo el continente europeo, y que aún se puede considerar desconocido. A la vez, es una ciudad llena de vida y cargada de cultura.Plovdiv recibe al viajero con una postal poco habitual.
Columnas romanas entre cafés al aire libre, casas de madera pintadas al estilo del Renacimiento búlgaro y murales callejeros que conviven con ruinas de más de dos mil años. Caminar por su casco antiguo, trazado sobre tres de sus siete colinas, significa cruzar sin aviso de una época a otra, con cada calle empedrada como umbral hacia un siglo distinto.La ciudad se mueve a un ritmo propio, alejado de las grandes rutas turísticas europeas. Por las mañanas, el barrio de Kapana despierta con galerías de arte, talleres de diseño y terrazas donde se sirve café búlgaro junto a dulces tradicionales.
Al caer la tarde, el Teatro Antiguo se llena de música en vivo, mientras los vecinos suben a pie hasta el mirador de Nebet Tepe para ver el atardecer sobre los tejados rojos del centro. Esa mezcla de vida cotidiana y patrimonio milenario, sin vitrinas ni distancias de museo, es lo que distingue a Plovdiv de otras capitales históricas del continente.Reconocida como Capital Europea de la Cultura en 2019, la ciudad reúne en un espacio compacto y caminable todo lo que exige un viaje intenso: arqueología al aire libre, gastronomía de mercado, una vida nocturna discreta y un paisaje de colinas que invita a perderse sin mapa.Diez imperios dejaron su marca en una misma trama urbanaTras el paso de Filipo II, la ciudad quedó bajo dominio romano, bizantino, búlgaro y otomano, en una sucesión de imperios que fueron superponiendo capas arquitectónicas sobre la trama original trazada por el padre de Alejandro Magno. Durante los siglos I a III, Filipópolis se convirtió en la capital de la provincia romana de Tracia, con foros, termas y un acueducto que todavía hoy sorprende por su estado de conservación.
Historiadores calculan que la urbe fue invadida o saqueada por una decena de pueblos a lo largo de su historia, entre ellos hunos, persas y celtas, un dato que explica la mezcla de estilos arquitectónicos visible en el casco antig… Como actor, Jaime Lorente tuvo unos inicios meteóricos en la pequeña pantalla. Con 25 años debutó en la que se convertiría en una de las series españolas más aclamadas a nivel internacional de los últimos tiempos, La casa de papel, y su rostro sería asociado al personaje de Denver.
Además, justo antes de comenzar el fenómeno de La casa de papel, también ficharía para otra serie de éxito masivo y de la que saldría todo una nueva cantera de jóvenes actores como fue Élite, en la que permaneció dos temporadas interpretando a Nano. Ahora, después de una sólida carrera como intérprete, debuta en la dirección con El mal hijo, que se presentó en la pasada edición del Festival de San Sebastián en la sección Nuevos Realizadores. La película cuenta la historia de Rubén, un niño marcado por la desprotección de sus progenitores y la adicción de su padre a las drogas, que es criado por su abuela (interpretada por Susi Sánchez).
En medio de un ambiente marginal, el pequeño saldrá adelante y se convertirá en un joven que quiere escapar de su pasado, pero su presente se encuentra marcado por la precariedad laboral y por las deudas pendientes con su familia. Enamorarse de la cámara-Pregunta: ¿Cuándo surgió tu interés por dirigir? -Respuesta: Pues surge de cuando me empecé a acercar al audiovisual, porque yo me formé en el teatro, estudié en la Escuela de Arte Dramático de Murcia.
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