La proteína es indispensable para conservar la masa muscular, reparar tejidos, producir enzimas y mantener distintas funciones del organismo. Sin embargo, el crecimiento de las dietas enfocadas en perder peso o aumentar músculo también ha extendido una preocupación: ¿comer mucha proteína daña los riñones?La respuesta corta es que, en personas con riñones sanos, un consumo elevado de proteína no ha demostrado causar por sí solo enfermedad renal. No obstante, la situación cambia cuando existe un padecimiento previo, incluso si todavía no ha sido diagnosticado.Revisiones sistemáticas y ensayos clínicos realizados en adultos sin patologías renales indican que las dietas con mayor aporte proteico pueden modificar algunos indicadores de la función renal, pero no necesariamente producir daño estructural.
Por ello, es importante diferenciar entre una adaptación fisiológica y una enfermedad.¿Qué pasa en los riñones cuando se consume más proteína?Cuando una persona incrementa su consumo de proteína, el organismo genera más productos derivados de su metabolismo, entre ellos la urea. Los riñones se encargan de filtrar estos desechos y eliminarlos mediante la orina.Como respuesta, puede aumentar la tasa de filtración glomerular, conocida como TFG. A este fenómeno se le denomina hiperfiltración adaptativa.
En individuos sanos se considera una reacción del organismo ante una mayor carga de trabajo y no necesariamente una señal de deterioro renal.Esta adaptación ha sido observada también entre atletas y fisicoculturistas que consumen cantidades elevadas de proteína. Algunos estudios en estas poblaciones, con ingestas de entre 2 y 3 gramos por kilogramo de peso corporal al día, no encontraron alteraciones clínicas negativas en los principales marcadores renales durante los periodos evaluados.Esto no significa que cualquier cantidad resulte conveniente o que una dieta hiperproteica pueda mantenerse indefinidamente sin vigilancia. Las necesidades dependen de factores como el peso, la edad, la actividad física, los objetivos nutricionales y el estado general de salud.El riesgo aumenta cuando ya existe enfermedad renalEl panorama es diferente para las personas con enfermedad renal crónica.
Cuando parte de las nefronas —las unidades encargadas de filtrar la sangre— ya se encuentra dañada, una mayor carga de trabajo podría acelerar la pérdida de la función restante.También deben … Las hormonas intervienen en procesos tan diversos como el sueño, la energía, el metabolismo, la menstruación y el deseo sexual. Sus niveles cambian de manera natural a lo largo de la vida y también durante el día, por lo que una variación no necesariamente indica que exista un problema de salud.Un informe realizado por Women’s Health, reunió las explicaciones de las endocrinólogas Li-Shei Lin, Rekha Kumar, Carla DiGirolamo y Sheeva Talebian sobre las diferencias entre las fluctuaciones normales y las alteraciones hormonales.
Las especialistas detallaron cuáles son las señales que requieren atención y qué hábitos pueden favorecer el funcionamiento adecuado del organismo.Las hormonas no permanecen igualesCuando se habla de un supuesto “desequilibrio hormonal”, suelen aparecer como protagonistas el estrógeno y la progesterona, vinculados con el ciclo menstrual. El organismo también depende de otras sustancias, entre ellas el cortisol, las hormonas tiroideas, la insulina y la melatonina.Según explicó la Dra. Lin, ginecóloga obstetra y endocrinóloga reproductiva, las hormonas fluctúan de manera intencional y responden a los ciclos de sueño y vigilia, la menstruación y el estrés.
Por esa razón, la especialista plantea que el objetivo no debería ser alcanzar niveles idénticos todos los días, sino una “armonía hormonal” que permita que los sistemas reguladores funcionen correctamente y que los síntomas permanezcan bajo control.La Dra. Kumar, directora de asuntos médicos de Found y profesora asociada de medicina clínica y endocrinóloga adjunta en Weill Cornell Medical College, señaló que pueden existir alteraciones cuando una o más hormonas presentan niveles excesivos o insuficientes y esto produce síntomas.Qué señales pueden indicar una alteraciónEntre los indicios mencionados por las especialistas aparecen las menstruaciones irregulares o ausentes, la fatiga persistente, las dificultades para dormir, los cambios de humor, la ansiedad y la irritabilidad.También pueden presentarse modificaciones en el cabello o la piel, aumento de peso o dificultades para adelgazar, sofocos, sudores nocturnos y una disminución del deseo sexual.Las causas son diversas. El estrés, los cambios importantes de peso y algunos medicamentos pueden modificar el funcionamiento hormonal.
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