Madrid, 11 oct (EFE).- Los nueve vocales progresistas del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) reclaman una renovación de las comisiones del órgano de gobierno de los jueces "equitativa y respetuosa" que permita afrontar los retos del nuevo año judicial y alcanzar acuerdos sobre los nombramientos pendientes.En un comunicado, los vocales progresistas exponen que las negociaciones para culminar la renovación de las comisiones "están avanzadas y con amplios espacios de consenso que permiten confiar en una pronta culminación del proceso", pero inciden en que es necesario restablecer el equilibrio y la confianza interna.Recuerdan que el próximo 23 de octubre se cumple un año desde la aprobación de la actual composición de las comisiones y que la renovación debe cumplir las previsiones legales y respetar los acuerdos de funcionamiento y reparto de responsabilidades alcanzados en 2024. El pasado año los vocales progresistas denunciaron la ruptura del consenso que había garantizado un funcionamiento "equilibrado y cooperativo" del órgano de gobierno de los jueces, al imponerse la propuesta del grupo conservador gracias al voto de la presidenta Isabel Perelló y del vocal Carlos Hugo Preciado, encuadrado en el ala progresista pero que actúa como independiente.En el comunicado destacan que durante el primer año de mandato, el Consejo había trabajado sobre reglas pactadas que aseguraban la representación razonable de las distintas sensibilidades, la distribución equilibrada de responsabilidades, la paridad y la transparencia. El acuerdo de 2024 estableció un sistema de rotación de mayorías y presidencias y una distribución equilibrada de las responsabilidades entre las distintas sensibilidades representadas en el Consejo, exponen.
"Cualquier ajuste dirigido a garantizar la continuidad de proyectos o líneas de trabajo debe responder a ese mismo principio de equilibrio, ser fruto del consenso y aplicarse con criterios de reciprocidad", aseveran los vocales progresistas, que aclaran que no reclaman un reparto favorable a ninguna sensibilidad, "sino un modelo equitativo y coherente con los compromisos asumidos al inicio del mandato".Por ello, piden que la renovación en curso de las comisiones debe corregir esa situación y apelan a la responsabilidad del sector conservador, del vocal Carlos Hugo Preciado y de la presidenta "para restablecer los compromisos de equilibri… En muchas entidades y empresas, pertenecer a un Consejo de Administración constituye un privilegio. Se asocia con prestigio, experiencia, confianza y capacidad de decisión.
Sin embargo, detrás de esa distinción existe una responsabilidad que suele recibir menos atención: administrar intereses ajenos exige mucho más que asistir a reuniones, escuchar informes y votar. Al parecer, todavía existe cierta confusión entre ocupar un asiento en la mesa y asumir las responsabilidades que vienen con él. Lo primero requiere una designación; lo segundo, bastante más que la presencia.Cabe preguntarse si puede llamarse transparente una organización cuyos decisores no conocen a fondo aquello en lo que votan.
Solemos reducir la transparencia empresarial a los estados financieros, las memorias y los informes de gestión. Pero hay otra dimensión, menos visible y quizá más decisiva, que empieza puertas adentro del Consejo. Ahí es donde sus integrantes deben conocer la entidad, sopesar alternativas, detectar riesgos y medir las consecuencias de lo que aprueban.
Una agenda cumplida no prueba nada. La buena gobernanza se juega, sobre todo, en la calidad de esas deliberaciones.Los Principios de Gobierno Corporativo del G20 y la OCDE, revisados en 2023, sitúan entre las responsabilidades fundamentales del Consejo la orientación estratégica, la supervisión de la dirección y la rendición de cuentas. Asimismo, establecen que los consejeros deben actuar con pleno conocimiento, diligencia y lealtad.
Aunque no les corresponde dirigir las operaciones cotidianas, sí deben asegurarse de que existan mecanismos adecuados para conocer el desempeño de la organización y advertir oportunamente sus riesgos. Recibir información es apenas el comienzo; comprenderla, contrastarla y solicitar explicaciones forma parte de las responsabilidades inherentes al cargo.La distancia entre esos principios y su aplicación práctica merece atención. Una investigación del Rock Center for Corporate Governance de la Universidad de Stanford, realizada en 2016 entre 187 consejeros estadounidenses, encontró que apenas el 23 % consideraba a su Consejo muy eficaz al ofrecer retroalimentación directa entre sus integrantes.
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