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Un país no se construye con prisa, sino con paciencia

World 1 source 1 country 🔦 Under-reported 13m ago

Hay obras que no nacen para ser comprendidas de inmediato. Nacen para desafiar la mirada de su tiempo, para incomodar el gusto dominante y para recordarnos que no todo lo verdaderamente importante cabe en el calendario de una generación. La Sagrada Familia de Barcelona es una de esas obras.

Antoni Gaudí murió sin verla terminada. La imaginó, la levantó parcialmente, la defendió con su vida y dejó a otros la responsabilidad de continuarla.Esa es, quizás, una de las grandes lecciones de toda obra monumental: quien la inicia no siempre la concluye. Algunas construcciones requieren más tiempo que una vida, más paciencia que una administración, más humildad que una opinión pública acostumbrada a pedir resultados inmediatos.

Gaudí no trabajó para el aplauso urgente. Y las ideas grandes, cuando son verdaderas, suelen avanzar lentamente.La Sagrada Familia también enseña que toda obra ambiciosa será juzgada antes de ser entendida. George Orwell llegó a describirla como uno de los edificios más horrendos del mundo.

Es tentador desestimar ese juicio como un error de sensibilidad, pero el gesto de Orwell nos dice algo más importante: reveló que toda gran obra en proceso acumula detractores proporcionales a su ambición. Quienes observan una construcción inconclusa y solo ven desorden no están mirando el edificio; están mirando su propia impaciencia. La diferencia no está en la piedra, sino en la disposición de entender que hay obras cuyo sentido solo se revela con el tiempo.

Esa misma tensión, entre el juicio apresurado y la comprensión que madura despacio, es la que define —y a menudo destruye— la vida pública de nuestras sociedades.Una nación no se construye con impulsos, con impaciencias ni con sentencias apresuradas. Se construye con continuidad, instituciones, reglas claras, visión de largo plazo y capacidad para sostener conversaciones difíciles sin destruir aquello que todavía puede ser mejorado.Uno de los errores más frecuentes de nuestras sociedades —y América Latina tiene sobradas razones para reconocerse en esta trampa— es confundir velocidad con progreso. Queremos resolver en semanas problemas acumulados durante décadas.

Queremos leyes perfectas sin deliberación suficiente, instituciones fuertes sin fortalecer sus capacidades, desarrollo sin conflictos, crecimiento sin costos, decisiones públicas sin procesos y consensos sin escucha.

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Read the full story at the source Diario Libre (Santo Domingo, Dominican Republic) · DO
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