El afán implacable de las grandes empresas tecnológicas por expandir la construcción de centros de datos a todos los continentes ha desencadenado un creciente movimiento de resistencia masiva –desde Estados Unidos hasta Irlanda, y desde Chile hasta Malasia–, en el que comunidades de base protestan contra el agotamiento de los recursos hídricos, el aumento desorbitado de las facturas de servicios públicos, la contaminación atmosférica y acústica, y la destrucción del medio ambiente.
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