El socialismo del siglo 21, castrochavismo o comunismo del siglo 21, bajo la denominación de izquierda, pierde gobiernos en países de las Américas pero retiene el poder con las leyes que impuso, la estructura y funcionarios que estableció, el cambio cultural que realizó, las burguesías que formó, los medios de comunicación que controló, los sistemas de justicia que instaló, las fuerzas armadas y de seguridad que deformó. Esta realidad impone recordar la diferencia entre llegar al gobierno y tener el poder.Poder es “tener facilidad tiempo o lugar de hacer algo”, representa “tener más fuerza que alguien”. Poder político, en sentido amplio, es “la capacidad de influir, controlar o tomar decisiones en una sociedad o en un sistema político.
Es la capacidad de una entidad o individuo para afectar la forma en que se toman decisiones y se ejercen acciones que afectan a la sociedad en su conjunto”. Gobierno es “la acción y efecto de gobernar, de mandar con autoridad, regir, guiar”. En sentido político restringido se refiere al “órgano superior del poder ejecutivo de un Estado o de una comunidad política, constituido por el presiente y los ministros o consejeros”.
En sentido amplio se trata de las formas de gobierno que en general pueden ser de dos grandes tipos “democracias y autocracias”, esto es “sistemas de consenso o sistemas de coerción”. La Carta Democrática Interamericana establece como obligación que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla. La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas”.
Pero este siglo está marcado por la expansión de la dictadura de Cuba que a partir de 1999 con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela puso en marcha lo que resultó ser el socialismo del siglo 21 controlando en su modelo dictatorial Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador con Correa y estableciendo gobiernos para dictatoriales en la mayoría de los países latinoamericanos.El socialismo del siglo 21 suplantó la democracia por “dictaduras electoralistas”, con terrorismo de Estado como forma de detentar el poder, con perseguidos, presos, exiliados y asesinados, la delincuencia reemplazó la política creando los narcoestados y el narco terrorismo desde el control del poder en Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y en territorios… El ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene que el crecimiento de la mora es el resultado del aumento del crédito y que en esa reconversión en que los bancos volvieron a actuar de bancos, otorgaron préstamos malos. Sin embargo, los datos muestran que en la actualidad casi el 40% de las personas que acceden a un crédito formal lo hacen por esta vía fintech por un menor monto y destinados en la mayoría de los casos a personas con perfiles de riesgo que el sistema bancario excluye.El Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) registró en los últimos dos años un salto en la cantidad de personas con acceso al crédito formal: de unos 16 millones a más de 21 millones.
Pero el grueso de este crecimiento no provino del sistema bancario tradicional, sino de la expansión de las fintechs. El segmento fintech pasó de 3,7 millones a más de 8 millones de usuarios con al menos un préstamo vigente. Así, casi el 40% de quienes obtienen financiamiento formal lo hacen a través de estas plataformas digitales, en su mayoría con créditos de menor monto y dirigidos a perfiles de riesgo que el sistema bancario suele excluir.El sistema de crédito formal en Argentina se organiza, según la Fundación Mediterránea, en dos grandes categorías: las entidades financieras —bancos, compañías financieras y cooperativas de crédito— y los proveedores no financieros de crédito.
Las primeras pueden captar depósitos del público y otorgar préstamos bajo regulación y supervisión directa del Banco Central de la República Argentina (BCRA), con exigencias específicas de capital, liquidez y encajes. Los proveedores no financieros financian con capital propio y no reciben depósitos del público. Este grupo opera bajo un marco regulatorio diferente y requisitos prudenciales menos exigentes, aunque sí deben registrarse ante el BCRA.Dentro de los proveedores no financieros, las fintechs se diferencian por un modelo íntegramente digital.
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