En 1981 Italo Calvino ya no era el partisano que batallaba contra el fascismo en las Brigadas Garibaldi. Las largas noches abrazado al fusil habían quedado atrás. La violencia seguía, pero era distinta.
Italia vivía los “años de plomo” y él, ahora, bestseller consagrado, quería profundizar en la literatura y que la coyuntura política se apague por un rato, que sea un “ruido de fondo”. Por eso, escribió en el diario Corriere della Sera que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.Siempre se me viene a la memoria la imagen de un amigo, un gran amigo, uno que ya no está, en la puerta de un edificio del Microcentro, del lado de afuera, con una remera con la foto de Bukowski abriendo la boca. Yo salgo del ascensor con un par de envases.
Esa era la costumbre: juntos iríamos al chino y luego volveríamos al departamento. Y ahí está él, siempre impuntual, con los ojos irónicos, la media sonrisa y tiempo de sobra. Después se ríe y me dice: “Un clásico”.El cuento de los cuentosSi un clásico es un texto que nunca se calla, entonces hay que ir a los cuentos infantiles, esos que gravitan en las piezas, ya entrada la noche, antes de dormir, cuando un padre le cuenta a sus hijos su relato.
Cuando la narración es oral siempre se cuela algo de la interpretación, una nueva lectura del clásico. Y sobre esa premisa se arroja Fabio Morábito para construir su último libro, Un bosque rodeado de árboles, que acaba de publicar Edhasa, una reescritura de “Hansel y Gretel” en cinco cuentos.La historia que todos tenemos en la cabeza sobre este cuento de hadas alemán es la de dos hermanos que sus padres abandonan en el bosque, encuentran una casa hecha de golosinas, entran, hay una bruja, los hace engordar para luego comérselos, y escapan. Lo que hace Morábito —escritor nacido en Egipto, criado en Milán y residente en México— es preguntarse por los otros personajes.
En el primer cuento, por ejemplo, narra la historia del padre que, arrepentido, vuelve al bosque y es secuestrado por la bruja.Primero el perdido es el padre, luego los niños, la bruja, el bosque y finalmente el cuento. Ese es el orden de los relatos que fluyen con una prosa despojada e indetenible, entre la ternura y la maldad. La atmósfera es familiaridad porque la historia viene de lejos: según el folclorista Jack Zipes, Hansel y Gretel…
Barcelona, 18 sep (EFE).- Fascinada desde siempre por el folclore y los cuentos de hadas, la escritora británica Clare Pollard recrea en su segunda novela, 'Las Hadas Modernas', la vida de un grupo de mujeres nobles que se reunían en el París de finales del siglo XVII para contarse historias que hoy pueden verse como una crítica al patriarcado. En un encuentro con periodistas, este viernes Pollard ha defendido la transmisión oral de los cuentos que provienen de tradiciones ancestrales, que cada generación interpreta a su manera, porque "nos enseñan cómo funcionar en el mundo, las consecuencias de decisiones que tomamos, formándonos como personas, porque los escuchamos repetidamente cuando somos pequeños". Publicada por Impedimenta en castellano y por Club Editor en catalán, en su última obra, la también poeta viaja hasta la capital francesa de finales del siglo XVII para mostrar lo que ocurría en el salón parisino que dirigía Marie-Catherine d'Aulnoy, recién rehabilitada tras un escándalo, en el que un grupo de mujeres se explicaban los relatos que de pequeñas les narraban sus cuidadoras.Historias impregnadas de violencia, con matrimonios sin amor, abusos, incestos, en una casa a la que también acudirá Charles Perrault, recopilador de relatos infantiles en 'Cuentos de mamá gansa'.
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