Cuando el Ejército Rojo entró en Varsovia el 17 de enero de 1945, el casco antiguo de la ciudad ya no existía. Después de aplastar el Levantamiento de 1944, los alemanes habían vaciado la ciudad y la habían ido demoliendo por partes, con zapadores, explosivos y lanzallamas. Para enero estaba destruido entre el 85 y el 90 por ciento de lo edificado.
La catedral de San Juan, el Castillo Real, las casas de la plaza del mercado se convirtieron en escombros.Los polacos decidieron reconstruir el casco antiguo tal cual había sido. No tenían con qué guiarse, salvo lo que quedaba en papel. Usaron esos planos anteriores a la guerra, fotos de archivo, relevamientos hechos por estudiantes de arquitectura en los años treinta y las vistas de la ciudad que Bernardo Bellotto, sobrino de Canaletto y pintor de la corte polaca, había dejado en el siglo XVIII.
Separaron ladrillos y molduras del escombro para volver a ponerlos donde iban. La obra gruesa se hizo entre 1949 y 1955 y en 1980 la UNESCO incorporó ese casco antiguo a la lista del Patrimonio Mundial, diciendo con todas las letras que se trataba de una reconstrucción.Un país arrasado, ocupado y sin un peso decidió que recuperar su centro histórico no podía esperar a que se resolviera todo lo demás.La Ciudad de Buenos Aires tiene un problema bastante más sencillo, porque su casco histórico está entero. La Avenida de Mayo sigue en pie con el Barolo, el Tortoni, las cúpulas y el primer subte de América Latina corriendo por abajo.
Acá no hubo demolición sistemática ni bombardeo: hubo cincuenta años de deterioro, que es una forma de destrucción bastante más difícil de discutir, porque no tiene fecha, no tiene responsable y nunca obliga a nadie a reaccionar de manera inmediata.La Ciudad cuenta con una Dirección General del Casco Histórico desde el año 2000, hay áreas de protección patrimonial, hay un plan de manejo presentado en 2015, entre otros.Lo que no hubo nunca fue una decisión de escala, con presupuesto propio, plazos, metas que se puedan chequear y continuidad más allá del mandato de quien la firma. Administramos el patrimonio, pero nunca lo convertimos en un proyecto.Un casco histórico sin vecinos cierra a las siete de la tarde y a las nueve ya no camina nadie. La falta de iniciativa y de imaginación hace que veamos cada vez más oficinas vacías y edificios subocupados a tres cuadras de la Plaza de Mayo.
“La pareja abierta es más difícil que la cerrada”, afirmó Federico Popgold en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, al explicar los acuerdos que sostiene en su relación desde hace tres años.Popgold es un comunicador, entrevistador y conductor argentino que desarrolló su carrera en redes sociales y plataformas digitales luego de dejar un trabajo corporativo. Es creador del formato de entrevistas Vivir Siendo, donde aborda historias personales y temas complejos, y forma parte de Luzu TV, donde conduce Patria y Familia. También publicó el libro Cosas que odio del mundo (y me dan ansiedad).Durante la charla, defendió su decisión de entrevistar a personas cuestionadas, incluso cuando recibe críticas por darles espacio, y contó cuáles son las historias que más lo movilizan.
Además, explicó por qué elige preservar de la exposición pública sus vínculos más íntimos y habló sobre su concepción de la infidelidad y la traición.— ¿Qué harías con un millón de dólares?— Me compraría primero un departamento. Es re aburrido decir que el resto lo invertiría, pero creo que también haría un buen viaje con mis sobrinos.— ¿Cuántos sobrinos tenés?— Dos: Bauti y Benja.— ¿Sos muy apegado a ellos?— Sí. Con toda mi familia, en realidad, pero mis sobrinos son un poco mi debilidad.
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